Balance 2010

Termina el 2010 y clausura la primera década de este siglo recién estrenado. Pasaron ya nueve años del corralito. De los cacerolazos y la pesificación asimétrica. De las colas en los bancos y el desfile de presidentes. De aquella Argentina demencial y fracturada. Y pasaron diez años de la crisis de las puntocom en EE.UU., casi un ensayo de esa otra burbuja monumental que en 2008 arrasó Wall Street y sembró la “Gran Recesión“, con sus reminiscencias en blanco y negro de los años treinta.

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27deDiciembrede2010a las08:05

El mundo cambió en el proceso, escindido hoy entre la precariedad de las economías desarrolladas y la arrolladora pujanza emergente. Por primera vez en mucho tiempo, América latina -y la Argentina- hoy no son parte del problema. E intentan reescribir una historia de inestabilidad serial y baja autoestima.

La Argentina se despide del 2010, como siempre, agotada. Porque la Argentina no da tregua. Hubo pelea por las reservas, nuevo canje de deuda, inflación negada, desilusión mundialista, festejos bicentenarios, salideras trágicas y como si fuera poco, la muerte de Néstor y un fin de año salpicado de salvajismo.

Pero los mercados se las ingeniaron -aún con el fantasma de un naufragio europeo y la amenaza de una anemia crónica en Estados Unidos- para volver a dejar ganancias envidiables. No tan extraordinarias como el año pasado, es cierto, pero extraordinarias al fin. El Merval, por ejemplo, termina el año con una suba del 50%, mientras que el cupón PIB cosechó un avance del 200%.

Ahora, con un dólar aplacado y fuera de escena que busca contener el desborde inflacionario, el mercado se adentra en un 2011 electoral e infectado de dudas. Pero en un mundo de “tasas cero”, donde los inversores no encuentran consuelo, la Argentina todavía promete reclutar entusiastas. Tierra de oportunidades para los cultores de lo extremo.

Por Laura García, editora de Finanzas.

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