Es tiempo de no dejar pasar de largo las oportunidades - Por Cristian Mira

En el medio del tembladeral financiero que se sucedió tras la baja en la calificación de la deuda de los Estados Unidos, la suba que experimentaron anteayer los granos en Chicago volvieron a recordarle a la Argentina que tiene en sus manos un potencial inconmensurable para generar riqueza y desarrollo.

13deAgostode2011a las10:38

Esta vez, la buena noticia la dio el Departamento de Agricultura de Estados Unidos que estimó importantes bajas en la cosecha norteamericana de maíz y de soja. El impacto alcista se trasladó al trigo.

El contexto internacional, nuevamente, ayuda a encarar con optimismo la siembra de granos para la campaña agrícola 2011/12. Si los candidatos a presidente de la Nación que mañana participarán de las elecciones primarias leyeran correctamente los datos que vienen desde el exterior deberían poner en marcha los instrumentos que permitan capturar la continuidad de la solidez en las cotizaciones de los granos.

Otra vez el campo se sitúa en el lugar de la reserva productiva del país. Sin que sea necesario resucitar debates anacrónicos, la industria manufacturera no tiene el mismo horizonte favorable. Si Brasil devalúa su moneda aún más de lo que hizo y funciona a pleno el paquete de medidas para alentar las exportaciones, la industria local deberá preocuparse. Lo mismo sucederá si la crisis global afecta a China que, ante una eventual recesión norteamericana, presionará sobre otros destinos para colocar su producción.

Sin embargo, uno de los riesgos mayores es que el Gobierno que ponga en marcha iniciativas polémicas para controlar y distorsionar aún más el mercado de granos. El equipo del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, se ha expresado en favor de darles prioridad en la comercialización a las cooperativas de origen nacional. Aún no resulta claro en qué consiste esto. Si el propósito es capturar una mayor proporción de la renta del negocio agrícola de lo que ya captura, vía retenciones, volverá a provocar un enfrentamiento con el sector más dinámico de la economía nacional. Los resultados de las elecciones en Santa Fe y Córdoba demuestran que el enfrentamiento con el campo no reditúa votos, al contrario. Pero el oficialismo se resiste a abrir un debate serio y profundo sobre la producción agropecuaria. La máxima expresión que ha logrado formular es lograr "el agregado de valor a las materias primas". Hay teorías elaboradas sobre el tema y se hace hincapié en que la agricultura tiene un bajo impacto en la generación de empleo. Si el problema de la creación de trabajo se soluciona atacando al negocio de la soja entonces no se habrá arreglado nada.

De igual forma no se podrá agregar valor a las materias primas si se destruye el mercado. En todo caso, lo podrán hacer unas pocas empresas que logren integrarse verticalmente, pero se dejará afuera del circuito a miles de pequeños y medianos productores. La transformación de la actividad agrícola de los últimos 20 años demostró que el cambio no sólo llegó por la incorporación de tecnología, sino por la capacidad de desplegar una organización dinámica de las empresas agropecuarias. El trabajo en red que exhibe el agro dista de ser una actividad concentrada en pocas manos. Allí, y no en otro lado, está el potencial para alcanzar el asociativismo y el agregado de valor. Pero aquellos que impulsan estas ideas deberían entender que el voluntarismo o la discrecionalidad del Estado nunca ha servido para promover cooperativas. Servirá si el Estado se propone crear reglas horizontales y deja de tenerle miedo a la competencia. En todo caso, sería saludable debatir sobre los riesgos de fomentar un esquema rentista sobre uno productivista. Aunque crean que ha sucedido otra cosa, desde 2003 a la fecha se ha incentivado el perfil de quienes prefieren vivir de rentas en vez de mejorar la productividad.

El otro riesgo que enfrenta la producción

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