Falta tiempo, sobra pánico y el dólar sigue siendo el único refugio

FUBAR. Es la expresión que inventaron los soldados estadounidenses en la segunda guerra mundial cuando las cosas se ponían muy feas. En la traducción, este “fucked up beyond all recognition, any repair all reason” podría traducirse –en la versión light– como “la cosa está complicada y no tiene arreglo”. Lo de esta semana, para algunos roza la pérdida definitiva de los argumentos que auguraban una continua recuperación de la economía global. No lo hará.

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23deSeptiembrede2011a las07:06

En Estados Unidos, el dólar ha vuelto a ser el rey -se fue en algún momento- a partir de un dato no menor: el riesgo es cada vez más caro en el mundo, y los únicos (instrumentos) que le aportan al inversor confianza son el billete y su primo cercano el bono del Tesoro de Estados Unidos. Tanta es la confianza, y tanta es la demanda de estos bonos, que una inversión a 10 años le deja una tasa de 1,7% anual (la más baja en 60 años) mientras que una a 30 años, paga 2,8% y bajando...

Aquí es donde el banco central estadounidense piensa abrir la billetera. Comprará bonos largos –tal como hace el resto del planeta–, bajará aún más la tasa que pagan, y buscará que los inversores se vayan a otro lado, que gasten los dólares para reactivar el consumo, buscar activos más riesgosos, compensar las caídas en los mercados y, si se puede, generar algo de inflación. Buscan, el verbo queda corto, que el alza de los precios nominales de esa economía reactive los precios del mercado inmobiliario y así las familias con ganas de dejar de pagar –la casa que tienen vale mucho menos que la hipoteca que pagan– retomen el cumplimiento.

Lo de ayer es la señal más contundente de que para recomponer esos precios –y los de las acciones– va a hacer falta algo más que compra de bonos largos. Los mercados esperan el desembarco de dinero fresco, pero nada asegura que esto llegue rápido. En el fondo, las medidas que se han tomado hasta ahora tienen como objetivo la compra de tiempo, un activo valioso cuando las cosas están FUBAR...

De esto –de comprar tiempo– sabe y mucho el Banco Central argentino. En la última semana cambió la estrategia. Para no perder reservas vendiendo dólares en el mercado contado (spot), ofrece un precio más barato para el dólar en el mercado a futuro. Esto quiere decir que para un comprador, ayer era más barato comprar dólares a fines de octubre que en el mercado contado. Pero la estrategia sólo sirve si en el mientras tanto el escenario se tranquiliza. Habrá que ver qué sucede si el mundo y, por ende, la Argentina, comienzan a transitar una zona poco confortable o si, como parece, la falta de avances termina minando los pocos aciertos que se han conseguido en materia del apuntalamiento de la recuperación de los países desarrollados.

Mientras tanto Grecia amaga con dejar de pagar pensiones y sueldos públicos mientras recoge los pobres frutos de un nuevo impuesto sobre los inmuebles (¿y ventanas?) que busca recaudar 4 euros por metro cuadrado. El Banco Central europeo también compra tiempo y no quiere una bancarrota en Grecia porque de esa manera el sector bancario no podría descontar su deuda. En rigor, comprar tiempo es también lo que hace Merkel & Co. pues la duda que carcome al “club de los rescatistas” es si desembolsar 8.000 millones de euros ahora, o dejar que Grecia quiebre y ahorrarse el cheque. En el fondo, lo que hace Merkel es lo mismo que hacen algunos sectores en España e Italia, posponiendo reestructuraciones con el fin de que el tiempo se utilice para previsionar las pérdidas en los balances, que es lo mismo que decir, licuar a los acreedores sin que ellos lo adviertan. Ahí va entonces: un día más y un día menos.

Julián Guarino, Subeditor de Finanzas.

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