La nueva revolución de la agricultura

Las compañías líderes en investigación de cultivos avanzan en nuevos desarrollos. La experiencia de Monsanto, la empresa madre de la soja RR.

26deSeptiembrede2011a las10:15

La revolución genética en el mundo agropecuario ya arrancó, pero está a punto de comenzar lo que será uno de sus capítulos más importantes. La creciente demanda mundial de alimentos es un tema de agenda global y la posibilidad de lograr un avance decisivo radica en aumentar la oferta, un tema que involucra no sólo aspectos geopolíticos sino que por estos días parece estar mucho más en manos de la ciencia y la tecnología, en cuyas manos está el mandato casi unívoco de avanzar en la mayor cantidad de desarrollos que permitan amplicar y mejorar la productividad, en función de los límites que presenta en el mundo la expansión de las fronteras agrícolas.

Actualmente la población mundial llega a 6.500 millones de personas pero en 30 años la cifra ascenderá a 9 mil millones y se prevé que se afianzará la consolidación de una clase media que aspirará a mayores niveles de consumo que le permitian cambiar su dieta alimenticia. En ese marco, la creciente demanda de granos para producir alimentos, es inevitable.

Países tradicionalmente agrícolas como la Argentina —aunque también Brasil, Paraguay y Uruguay— no quieren dejar pasar la oportunidad de sumarse a los nuevos modos de producción que se vienen.

Como una muestra de esta decisión a nivel nacional, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, aseguró que la biotecnología es el único camino para aumentar la producción agroalimentaria y contribuir así a disminuir la altísima volatilidad de los precios de los commodities. "Estamos convencidos de que sólo la biotecnología nos permitirá dar respuesta al hambre en el mundo, disminuir la pobreza, y estaremos contribuyendo a disminuir el riesgo de la volatilidad de los precios de los commodities", afirmó el ministro al intervenir en la conferencia del Grupo de los 20 (G-20) que se realizó hace unos días en Estambul para avanzar sobre esta problemática.

Sobre el aumento de la producción, Domínguez subrayó que "los gobiernos de los países más desarrollados tendrán que sincerarse, porque no se puede combatir el hambre si no se incrementa la productividad a través de la biotecnología, ya que la incorporación de tierras es limitada".

En ese contexto y con una premisa que parece insoslayable, las compañías líderes en investigación apuntan sus esfuerzos en mejorar la productividad de los cultivos, pero la revolución agrícola llegará a los campos no sólo con semillas mejoradas sino con un nuevo sistema de control de los cultivos que va más allá de la hoy conocida agricultura de precisión y tiene que ver con un sistema satelital integrado para la siembra y seguimiento de los campos. Es lo que hoy denominan como la puesta a punto de todo un paquete agronómico. (ver aparte)

Monsanto es una de las firmas que trabaja en sus laboratorios centrales de Estados Unidos en mejoramiento genético tradicional y en nuevos eventos biotecnológicos para lograr cultivos con tolerancia a sequía, mayor rendimiento, resistencia a enfermedades, mejor absorción del nitrógeno, resistencia a nematodos, manejo de maleza con otros herbicidas como el dicamba y una nueva generación de control de insectos.

El centro de investigación de Monsanto en la ciudad estadounidense de Chesterfield es donde nacen las investigaciones en biotecnología de la multinacional madre de la soja RR y donde más de mil científicos trabajan en los diferentes edificios que se distribuyen en unas 80 hectáreas al borde de la cuenca del Missouri produciendo plantas de caña de azúcar, maíz, alfalfa y soja desde hace 25 años.

En el más grande de los 12 centros de investigación en biotecnología que Monsanto tiene en el mundo gasta entre 4 y 5 millones de dólares anualmente. Chesterfield es de donde sale la primera planta

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