Más cerca del diálogo que de la confrontación - Por Cristian Mira

Aunque descontado, el abrumador triunfo de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales del domingo pasado no dejan de tener una influencia decisiva sobre la actividad agropecuaria.

29deOctubrede2011a las08:15

Hay varias certezas sobre lo que ocurrirá en este segundo mandato de la Presidenta y tercero del kirchnerismo. La intervención del Estado en las decisiones de la economía será uno de los ejes inalterables de la futura gestión. Para el agro eso significará que el trigo, el maíz, la carne y los lácteos serán objeto de regulación. Pero el nuevo mandato de Cristina Kirchner comenzará con síntomas de agotamiento en los instrumentos elegidos para que los precios de los alimentos tengan un valor inferior en el mercado interno que en el externo.

El primer signo de ese agotamiento es que con una tasa de inflación real del 25 por ciento los precios de los alimentos que se consumen en la Argentina son tan o más caros que en el exterior.

El segundo es que fracasó el sistema de compensaciones a molinos harineros, feedlots , procesadores avícolas y productores porcinos. No sólo porque no consiguieron que bajaran los precios en las góndolas sino por la poca transparencia que tuvo la distribución de casi 3000 millones de pesos anuales en la industria agroalimentaria. Esta semana, dirigentes de la Federación Agraria Argentina solicitaron en el Ministerio de Agricultura compensaciones para pequeños y medianos tamberos (con producciones que van hasta los 1500 y 3000 litros diarios) y recibieron por toda respuesta que sólo podría haber aportes de fondos rotatorios para los tamberos más pequeños.

El tercer signo de agotamiento es de gestión. La concentración de las decisiones en manos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, sólo provocó fracasos en los intentos por controlar los precios. Aún los sectores agroindustriales que consiguieron mantener una buena relación con el polémico funcionario están reclamando reglas previsibles. Lo dijo esta semana un comunicado del Consorcio Exportador de Carnes (ABC, según sus siglas en inglés). Los industriales consideraron "de fundamental importancia la instrumentación de un proyecto futuro que contemple el abastecimiento necesario al mercado local, con un plan específico para la población de escasos recursos, y una articulación previsible y coordinada de los volúmenes exportables a fin de continuar con el modelo de proveedor histórico de Argentina al mercado internacional de carnes".

De poco vale llenar el tiempo con discursos con términos como "industrializar la ruralidad" o "agregar valor en origen" si el sector más tradicional de la agroindustria está en crisis.

Hay quienes creen que el tiempo de Moreno en Comercio Interior se termina el 10 de diciembre, pero son los mismos que afirman que será reemplazado por alguien que tenga una visión similar aunque con mejores modos.

La defensa que hizo Cristina Kirchner del polémico funcionario durante su visita a Coninagro hizo pensar a muchos que no habrá cambios sustanciales en la política agropecuaria. La liberación para la exportación de 400.000 toneladas de trigo más otras 2,4 millones de toneladas en vez de la adopción de la propuesta presentada por Agricultores Federados Argentinos (AFA), que apoya el Ministerio de Agricultura, es una demostración de que los que pensaban en ese sentido estaban en lo cierto.

De todas maneras, en Agricultura creen que hay que adoptar un sistema con el mayor consenso posible. Nuevamente será la Presidenta la que tenga la última palabra.

Hay quienes afirman que la posible "profundización del modelo", con medidas como la formación de una Junta Nacional de Granos, tienen cada vez menos posibilidades se hacerse realidad. "Cristina es pragmática, no es Chávez", explicó esta semana un ejecutivo de una multinacional del agro que tiene buen diálogo con el oficialismo. "El Gobierno est

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