Fuerte gesto conciliador de la Presidenta a los empresarios

Rechazó el proyecto de la CGT para repartir ganancias entre empleados y negó que se vaya a prohibir el giro de utilidades al exterior; además, pidió a los gremios que sean menos conflictivos.

23deNoviembrede2011a las08:02

La presidenta Cristina Kirchner y el titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, junto a un funcionario de la Presidencia. Foto: LA NACION / Silvana Colombo

Al presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) le temblaron los labios de la emoción. José Ignacio de Mendiguren acababa de escuchar a Cristina Kirchner decir palabras que los empresarios esperaban desde hacía más de un año, y empezó, entonces, él solo, un aplauso que enseguida siguió todo el auditorio y que sonó más sincero que otras veces.

Fue un giro contundente: la Presidenta sepultó ayer, ante el empresariado, el proyecto de ley de la CGT para repartir ganancias entre empleados, mencionó por primera vez la inflación, negó que pensara prohibir girar utilidades al exterior y pidió a los gremios terminar con los conflictos intersindicales y acatar las conciliaciones obligatorias.

El cierre de la 17a Conferencia Industrial, en el hotel Hilton, no pudo entonces ser más auspicioso para los hombres de negocios que se congregaron masivamente para ver a la Presidenta y a su gabinete. Como siempre, la Presidenta manejó la escena. Llevaba una hora y media de discurso, hizo una pausa y buscó a Hugo Moyano. Acaso, intuyendo todo, el líder sindical había dejado el recinto.

"Sé que estuvo hablando acá, no sé si hace un rato... ¿Está el compañero secretario general de la CGT? ¿No? ¿Se fue? Bueno, seguramente debe haber hablado de la ley de distribución de ganancias; por lo menos, yo lo veo todos los días en los diarios y lo leo con mensajes hacia el Ejecutivo. Pero, si no lo hizo, les voy a decir qué opino yo acerca de esta cuestión", dijo. Y siguió con la definición de su idea de proyecto en los mismos términos en que lo venían pidiendo los empresarios. Es decir, a través de negociaciones paritarias, como en Brasil: "Es una cosa que tienen que decidir entre los empresarios y los trabajadores; no la puede imponer el Estado por la fuerza a través del Parlamento".

Ahí se desató la ovación. Hace poco más de un año, Kirchner había respaldado en el Congreso el proyecto del abogado Héctor Recalde. Fue la razón del alivio de una platea más nutrida que nunca. Acompañaban Paolo Rocca, Eduardo Eurnekian, Luis Pagani, Claudio Cirigliano, Sebastián Eskenazi, Gabriel Romero, Víktor Klima, Hugo Biolcati y Adelmo Gabbi, entre otros. "Estamos de acuerdo, porque esto se da en un país que tiene negociaciones colectivas. En otro lado sería distinto", dijo Daniel Funes de Rioja, uno de los vicepresidentes de la UIA y quien más se ha opuesto al proyecto de la CGT.

Esa sintonía podría explicarse con dos datos en sí mismos elocuentes. El primero es que, según afirmó Funes de Rioja, los empresarios ya estaban al tanto del anuncio. El segundo fue en realidad un acto fallido presidencial en el que casi nadie se detuvo: al aludir a la relación entre empresas y sindicatos, Cristina Kirchner dijo coincidir con Mendiguren en que llegaba la hora de "innovar los comportamientos", concepto que celebró en tres oportunidades. Nada extraño, excepto por un motivo: esa cita no había salido del discurso del líder fabril. ¿Lo habían hablado en otro momento, en otro lugar? Las influencias adquiridas últimamente por Mendiguren impiden descartarlo.

Ayer, sentado a la izquierda de la mandataria, el textil llegó incluso a aplaudirle una idea que suele fustigar desde hace años, como la posibilidad de que el tipo de cambio se convierta en ancla de la inflación. Era además la primera vez que Cristina Kirchner se refería a lo que su ministro de Economía, Amado Boudou, llamó este año "reacomodamiento de precios".

La Presidenta comparaba las devaluaciones en la región y

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