El 2011 fue un buen año para la mayor parte de los sectores de la ganadería

Por Raúl Milano y Mariano Cabal(*)

22deDiciembrede2011a las11:38

Durante 2011 la ganadería volvió a repetir un buen año con niveles de precios aceptables, con una oferta que está recomponiendo su stock, previa pérdida de 10 millones de cabezas, pero que por su carácter biológico recién está en plena etapa de consolidación.

Asimismo podemos decir que hay dos etapas diferenciadas durante el año que marcan expectativas distintas. Por un lado, todo el primer semestre el período de la zafra de terneros de invernada encontró a una demanda sostenida, y, por otro lado, un segundo semestre que fue aterrizando hacia el final del año con un proceso más calmado en los precios y ajustado a la dinámica del mercado, con su clásico juego entre la oferta y la demanda.

Ahora bien, debemos hacer algunas consideraciones previas para comprender como actúa el mercado, y así poder sacar conclusiones y proyecciones hacia el futuro.

La fuerte caída del stock y la demanda de carne fueron actuando como una pinza de doble juego que ajustaron los precios, existiendo una diferencia manifiesta entre los precios pagados por el consumo y los precios en la demanda de la hacienda de invernada. Este movimiento de pinzas produjo el primer componente a tener en cuenta: el sistema de Feedlot, otrora hacedor de una importante oferta destinada al mercado interno de consumo, padeció durante este año el impacto de la pérdida de las compensaciones. Éstas nunca más se completaron y actuaron con ocupaciones más bajas de lo habitual, su funcionamiento se garantizó solamente logrado sobre la base de un precio del maíz que se mantiene bajo de forma artificial. En cambio, como un hecho positivo del año, debemos destacar que se consolidó la presencia del invernador tradicional de Argentina, que volvió a repoblar parte de su campo, antes dedicado en un 100% a los cultivos, y así diversificó el riesgo de sus inversiones.

Otro elemento a tener definitivamente en cuenta es el cambio de la dieta alimentaria de los argentinos. Hoy la el consumo de carnes comienza a asemejarse más al del resto de los países del mundo, donde la principal carne es la aviar o porcina y después, de acuerdo a cada país, la bovina y el pescado.

En Argentina la producción de pollo creció entre el 2004 al 2008 un 70 %, en el año 2009 el consumo se estableció en 30 kilos per cápita anuales y para el 2011 se estima que rondará 40 kilos anuales. Así mismo las proyecciones para el 2015 se estiman en 45 kilos per cápita anuales. Este crecimiento de la oferta de productos sustitutivos en precios accesibles como resultado de las compensaciones que recibe la industria ha convertido al pollo en un producto que ha llegado para quedarse en la dieta de los argentinos.

El tercer jugador en la dieta alimentaria es el cerdo el cual ha venido creciendo en la última década, no obstante ello el salto a casi 10 kilos per cápita anuales dista mucho del recorrido que puede hacer, el cual está más dependiente de la construcción de una oferta permanente que del deseo de incluirse en el consumo.

El otro componente que marca la situación de la cadena de ganados y carnes es lo que ocurre con la industria frigorífica, la cual durante mucho tiempo fue circunscripta a las posibilidades de la exportación y que ahora a partir de la crisis Europea también sufre sus coletazos por la caída del precio del cuero, principal componente del recupero del sector.

La industria exportadora extiende a cuatro años un juego de pinzas que hasta ahora lo único que logró es reducir significativamente la oferta de pesado por las permanentes trabas a la exportación y la exigencia de abastecimiento atado al consumo interno que elaboró un coctel explosivo para el sector, el cual produjo un funcionamiento a pérdida de toda la cadena sólo mitigada por la trasferencia de plantas enteras a nuevos adquire

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