Antes de su licencia, Cristina criticó a empresarios y gremios

La Presidenta se mostró distendida tras el anuncio de su intervención por un cáncer de tiroides. Ayer volvió a cuestionar los conflictos con empresas y sindicatos. Pidió “colaboración“. Y cuestionó la búsqueda de “beneficios“ y de “privilegios“.

29deDiciembrede2011a las07:47

Era su primera aparición pública tras el sorpresivo anuncio de que será operada de un cáncer de tiroides. En el Salón de las Mujeres de la Casa de Gobierno, Cristina Kirchner prolongó el suspenso y habló durante más de quince minutos del tema formal de la convocatoria, la prórroga del plazo de pago de las deudas fiscales de las provincias. Sin dejar de mostrarse distendida, por fin introdujo el asunto que todos esperaban: “Bueno, en general nunca hay tanta gente y tantos periodistas para un anuncio de esta naturaleza”, reconoció.

Cristina empezó por agradecer a los presidentes latinoamericanos que la llamaron para expresarle su solidaridad, pidió “ayuda no para mí, sino para este país”, y bromeó de que iba a pelearle al venezolano Hugo Chávez la “presidencia honoraria del congreso de los que vencieron al cáncer” . Fue la única vez que pronunció el nombre de la enfermedad.

Su discurso fue el último del año, ya que hoy viajará a Río Gallegos para recibir allí el 2012 junto a su familia. Pero no volvería a hablar tampoco hasta después de su operación del 4 de enero. Quizás por eso buscó dejar plantada la línea para las semanas de ausencia, frente al tema de mayor inquietud del Gobierno: lo que considera “presiones” de empresarios y trabajadores, y en particular el desafío de los gremios que responden al titular de la CGT, Hugo Moyano, que cada vez más alejados del oficialismo se han pintado la cara y van por más. En este sentido aludió al conflicto salarial con el personal de la AFIP y al impacto en el precio de las naftas de la pulseada con las petroleras. La Presidenta diferenció que una cosa “son los beneficios y otra la rentabilidad extraordinaria” de los empresarios, y “lo mismo en el sector laboral”. Y apuntó sin nombrarlos a los gremios moyanistas: “Bueno es tener derechos pero no que se conviertan en privilegios o en aristocracias dentro de los propios asalariados”, arremetió.

No dio datos de esa rentabilidad empresaria pero fue detallista sobre cuánto ganan los trabajadores mejor pagos, a los que reclamó “solidaridad” y cuestionó las demandas que “se convierten en querer privilegios a costa de otros”. Así, dijo que el 10 por ciento de los asalariados que más ganan reciben el 28 por ciento de la masa salarial mientras que en el otro extremo, el decil menos beneficiado recibe el 1,3 por ciento. Quizás buscando impresionar mencionó para el primer caso salarios desde 6 mil pesos hasta 40 mil, casi como si fuera lo mismo y sin discriminar cuántos asalariados ganan unas u otras sumas.

En tres momentos la Presidenta aludió por elevación a su salud. Cuando apeló al “equilibrio de los unos y los otros” porque “una sola persona no puede, aún cuando trabaje las 24 horas, aún cuando ponga su salud al servicio del país”. Luego, cuando se quejó de sectores con “salarios promedio de 16 mil pesos y con directores que ganan 40 mil , más que yo que soy Presidenta.

Y seguramente que se van a las seis de la tarde a su casa, están con sus chicos y no tienen problemas ni de estrés, ni de preocupaciones que muchas veces te ocasionan otros problemas”.

Por último, cuando le habló desde su enfermedad a Mauricio Macri para reclamarle la transferencia de los subtes: “Porque le corresponde a él. Y la verdad que yo estoy dispuesta a hacerme cargo de todo, pero me parece que todo es mucho y, bueno eso finalmente repercute” ( pág. 10 ). Y aunque habló de abordar el tema “con respeto y sin chicanas” en otro párrafo dijo que ella no pensaba irse de vacaciones a Italia, a ningún cr

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