Lo que deja el recuento de bajas y heridos de la seca
Ahora que ni el ministro Norberto Yauhar conjuga el verbo desdramatizar y que la magnitud de los daños es innegable, lo que resta saber son las consecuencias que tendrá la menor cosecha en los bolsillos de los chacareros y en la caja fiscal. Mientras tanto ocurren fenómenos curiosos. La seca no sólo ha cambiado el humor del sector, para peor obviamente, sino que modificó hasta el oficio de la mayoría de los agrónomos.
Al gastar el día diagnosticando muertes de plantas, pérdidas en los lotes de maíz y de soja, entre otros cultivos, caídas de producción y discutiendo sobre emergencias y desastres, cualquiera se los podría confundir con médicos forenses en jeans y sin guardapolvo. Algunos ya se manejan con termómetros, como los que en campos del Chaco le tomaron la temperatura al suelo, que ardía a 58 grados después de estimar pérdidas del 30% en cultivos de algodón, sorgo y maíz.
Gracias a este repentino cambio de oficio de los técnicos y agrónomos se sabe con bastante exactitud que la seca no sólo fue implacable, la Bolsa de Comercio de Rosario, que comenzó la campaña de maíz con estimaciones de 29 millones de toneladas, ahora las calcula en alrededor de los 21 millones, sino que esta vez tuvo puntería y le acertó al corazón productivo, a los campos de la zona núcleo.
Al respecto, un trabajo de Carbap con información de 80 sociedades rurales afiliadas observa una coincidencia fatídica: las regiones bonaerenses más productivas fueron las más afectadas. Esto ocurrió particularmente en el 20% del territorio, que produce el 60% del maíz provincial. Lo mismo se puede decir de los 15 partidos que concentran el 44,2% de la soja bonaerense.
