Egipto: los islamistas pierden la calle

Perseguidos, los Hermanos no lograron adhesión a una marcha.

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Egipto: los islamistas pierden la calle
24deAgostode2013a las03:04

Con sus filas diezmadas por la represión y sus líderes en la cárcel o acosados, los Hermanos Musulmanes sintieron ayer el desgaste de la lucha contra el gobierno que derrocó al presidente Mohammed Morsi y obtuvieron una adhesión apenas moderada a las manifestaciones del llamado "viernes de los mártires", con las que la agrupación esperaba cubrir las calles.

Cerca de mil personas murieron en los últimos ocho días, en su mayoría partidarios de Morsi, durante los sangrientos asaltos de las fuerzas de seguridad contra sus campamentos y las manifestaciones que siguieron. Más de mil militantes o dirigentes de la Hermandad fueron además detenidos en el curso del conflicto. El resultado es que en los últimos días, pese a los llamados diarios para manifestarse, las movilizaciones decayeron en forma notable.

Y ayer las fuerzas armadas volvieron a mostrar los dientes, al cortar las principales avenidas de El Cairo para asfixiar las protestas, con un yugo de tanques y vehículos blindados que diseminaron por el centro. Los cortes impedían acceder a la plaza Tahrir, corazón de las insurrecciones egipcias, y complicaron los desplazamientos en barrios enteros como Giza, Heliópolis y Ciudad Nasser, donde los Hermanos cuentan con un buen número de seguidores.

Cientos de islamistas se sobrepusieron, sin embargo, a la intimidación de tanques, alambrados y uniformados, y se concentraron de manera pacífica en diferentes mezquitas de la capital, siempre en un número mucho menor que el de los primeros días de furia. En algunos barrios y en otras ciudades del país, se registraron incidentes y nuevos arrestos.

Una de las protestas más concurridas en la capital se desarrolló en la plaza de Giza, donde unas 300 personas blandían carteles y entonaban cánticos contra el jefe del ejército, Abdul Fatah al-Sisi, el hombre fuerte del país, a pesar de enfrentamientos ocasionales con vecinos de la zona.

Las fuerzas de seguridad continuaron en tanto su asfixiante presión sobre la cúpula de los Hermanos y detuvieron a 19 dirigentes en ocho provincias, luego de haber capturado esta semana a su líder supremo, Mohammed Badie. Entre los detenidos de las últimas horas se encontraban el vocero de la cofradía, Ahmed Aref, y el vicegobernador de Alejandría, Hassan al-Prince.

CONTRA MUBARAK

Tampoco hallaron mayor eco los indignados revolucionarios que convocaron protestas por la excarcelación, anteayer, del ex dictador Hosni Mubarak, derrocado a comienzos de 2011 en el clímax de la "primavera árabe". Dos años después de ser detenido, su prisión preventiva expiró y la justicia egipcia dispuso que quedara bajo arresto domiciliario.

En un ambiente tenso, unos pocos centenares de jóvenes se congregaron frente al Tribunal Supremo, en pleno centro de El Cairo, para exigir que Mubarak sea condenado a muerte en las causas por corrupción y asesinato de manifestantes que se siguen contra él.

Bajo la mirada de un destacamento militar y de un tanque, los revolucionarios de la plaza Tahrir, que se oponen tanto a los islamistas como a las autoridades militares, pudieron comprobar lo mucho que cambió Egipto desde el 11 de febrero de 2011, cuando cayó el odiado Mubarak. Aquel día, la calle era suya. Ahora pertenece al ejército.

Para Ahmed Elal, un trabajador del hospital de la Universidad de El Cairo, la revolución de 2011 "ya murió". Pero se mostró partidario de continuar las protestas, porque "si los militares se consolidan en el poder, no vamos a poder echarlos hasta dentro de 60 años".

La organización humanitaria Amnistía Internacional pidió ayer una investigación profunda e imparcial sobre la violencia que, a partir del 14 de agosto, acompañó el silenciamiento militar de las protestas en Egipto, en particular el desalojo de los campamentos instalados para exigir la restitución de Morsi.

"Hay pocas dudas, según los primeros testimonios y otras pruebas, de que las fuerzas de seguridad actuaron con un profundo desprecio por la vida. Por eso hay una urgente necesidad de una investigación profunda, imparcial e independiente", dijo Philip Luther, director de Amnistía para Medio Oriente y África.