Claves para una gestión de calidad eficiente

La creciente complejidad administrativa y financiera de la gestión rural exige la coordinación eficaz de múltiples factores que intervienen en la cadena de valor. ¿Cómo gestionar cada eslabón sin perder de vista la visión sistémica del negocio?

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La gestión de calidad hace que el dueño no sea el único recurso pensante de una empresa sino que todo el equipo actúe en beneficio del resultado.

La gestión de calidad hace que el dueño no sea el único recurso pensante de una empresa sino que todo el equipo actúe en beneficio del resultado.

13deJuliode2015a las15:44

La gestión de calidad es una familia de conceptos y métodos de trabajo que procura que toda la cadena de valor actúe en el máximo de su eficacia todo el tiempo. La calidad se asume como el principio sistémico que ordena la gestión, un valor que se practica por todos los eslabones del sistema de producción, orientándolos al resultado más alto.

En la medida que la gestión rural aumenta su nivel de complejidad, no solo en sus aspectos productivos sino administrativos y financieros, es necesario abrir el juego a los equipos de trabajo, contratistas y asesores técnicos.

Liderazgo inteligente

Mantener una calidad de gestión homogénea en una cadena de valor compleja no es una tarea sencilla. La calidad es fruto del aprendizaje, y más precisamente del aprendizaje en equipo. La empresa debe, por lo tanto, modelarse para capturar la capacidad crítica de los grupos y traducirla en mejoras constante de procesos.

En este sentido, la calidad implica un liderazgo inteligente que requiere de la actitud humilde y prudente del empresario que sin dejar de ejercer su autoridad debe abrirse a la posibilidad de aprender de sus propios colaboradores. El arte de capturar el talento individual y transformarlo en “inteligencia social” es fundamental para que la organización aprenda rápido y se adapte original e innovadoramente al entorno.

Cuando una empresa ha logrado actuar como un verdadero cuerpo, un equipo de gente convencida de su misión, la tarea de conducir, idear, mejorar, aprovechar las oportunidades y evitar las amenazas del medio se despersonaliza del dueño y se comparte. Así, el dueño abandona la figura tradicional de “patrón de estancia” que todo lo sabe y lo puede para evolucionar hacia un líder que delega y empodera a su grupo de trabajo.

Gestión de calidad como herramienta gerencial

Si un empresario quiere estimular la calidad en su organización es indispensable que a los aspectos filosóficos y “blandos” le sume otros instrumentales y “duros”: de alguna manera tiene que implantar métodos de trabajo, medir los resultados, identificar los fallos, producir ajustes y correcciones y volver  a medir los resultados.  Esta parte operativa de la gestión de calidad es indispensable para que esta no sea solo un principio doctrinario sino una herramienta gerencial.

La gestión de calidad opera entonces como un recurso valiosísimo de dirección. Es a la vez una filosofía, un sistema metódico de trabajo y una cultura que fortalece a la organización y la prepara para la continua batalla del día a día. Y sobre todo, hace que el dueño no sea el único recurso pensante de una empresa sino que todo el equipo actúe en beneficio del resultado. 

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