Productores le dan nueva vida a sus residuos con planta única en Sudamérica

Generaron nuevas perspectivas de negocio al fabricar insumos para las industrias alimenticias, farmacéuticas, energéticas y cosméticas. Asimismo, resolvieron una problemática ambiental que afectaba.

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27deSeptiembrede2018a las08:18

En el marco de una iniciativa público privada que combina aspectos ambientales y económicos, la empresa Val-Mar inauguró en Santa Rosa de Calchines -ubicada a 60 kilómetros de la ciudad de Santa Fe- una planta destinada a la reconversión de desechos de zanahorias para la producción de bioetanol y carotenos.

La propuesta resuelve una grave problemática para la zona (por el cambio climático el porcentaje de descarte viene en aumento año tras año, generando la saturación de las tierras), a la vez que permite abrir nuevas perspectivas de negocios con industrias alimenticias, farmacéuticas, energéticas y cosméticas.

El establecimiento -único en Sudamérica- demandó una inversión de 8,5 millones de pesos y tiene capacidad para procesar 2 toneladas por día, aunque ya está previsto incrementar hasta 50 veces esa cifra, lo que permitiría aprovechar todo el descarte del departamento Garay, muy ligado al cultivo de la hortaliza.

“El proyecto surgió en 2013 cuando comenzamos a pensar en posibles soluciones a un problema que iba en aumento: en pocos años pasamos de desechar el 20 por ciento de la producción al 40. No hay empresa en el mundo que soporte tirar esa cantidad de producto, a la vez que generaba un deterioro del recurso suelo”, explicó el titular de Val-Mar Mariano Soressi, quien además afirmó que “con esto se resuelve el problema de falta de materia prima y podemos dar más trabajo a la gente”.

El empresario recurrió a la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que a través de su Facultad de Ingeniería Química (FIQ) puso manos a la obra para analizar distintas alternativas, entre las que se terminó eligiendo la instalación de un laboratorio de desarrollo y control de calidad de materias primas y productos en el predio de la UNL y la flamante planta.

Se trató de un esquema de esfuerzo compartido donde la casa de altos estudios aportó el predio, en tanto que la Asociación para el Desarrollo del Departamento Garay contribuyó con recursos humanos y aportes económicos destinados a la estrategia comercial. La firma, por su lado, dispuso del espacio físico necesario para la instalación y el montaje de la fábrica, así como la materia prima y servicios necesarios para la puesta en marcha y el funcionamiento constante del proyecto.

“Esta propuesta genera un hito entre la universidad y el ámbito empresario, a partir de un consorcio público privado que analiza una problemática asociada a un modelo de país como productor agrícola. Es un acercamiento que permite pensar en empresas distintas a las tradicionales, asociadas a los commodities”, destacó el decano de la FIQ Adrián Bonivardi.

Para hacer frente a la inversión se tuvieron en cuenta -además de los aportes privados- fondos del gobierno nacional (a través del Fondo Argentino Sectorial, en la convocatoria Fondo de Innovación Tecnológica Sectorial Agroindustria – Biorrefinerías) y provincial (desde los ministerios de Producción y Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva).

Una oportunidad en la crisis

Además de representar una perdida económica muy importante para el productor, el porcentaje creciente de descarte representaba un problema ambiental, pues todo el desecho que se tiraba al campo y no era consumido por los animales se terminaba pudriendo, generando malos olores, presencia de roedores y saturación de las tierras. Esta situación repercutía como un circulo vicioso sobre la geografía productiva del departamento Garay, tradicionalmente asociado al cultivo de zanahorias. “Esta es una zona no de emergencia, sino de catástrofe”, había alertado Soressi el dueño de Val-Mar en 2015.

Como resultado del emprendimiento, se generan dos productos de alto valor agregado: el bioetanol, que tiene aplicaciones en distintas industrias como combustible, bebidas, farmacopea o perfumería; y carotenos, empleados en las industria alimenticia.

Vale destacar que la firma Val-Mar descarta alrededor de 1.700 toneladas por año de zanahorias, por no cumplir con las condiciones de forma y tamaño que indica el mercado. Esta situación se repite en las plantas empaquetadoras y demás establecimientos productivos similares de la zona costera santafesina, que descartan aproximadamente 100 toneladas de zanahorias por día.

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