Díaz Ferrari: “Al avión aeroaplicador lo ven como un demonio, y al que lucha contra incendios, como el salvador”

Omar tiene muchos roles: agrónomo, piloto comercial de avión y helicóptero; instructor de vuelo; piloto forestal y aplicador, pero sobre todo es emprendedor y un apasionado del vuelo.

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Díaz Ferrari: “Al avión aeroaplicador lo ven como un demonio, y al que lucha contra incendios, como el salvador”
13deOctubrede2020a las13:02

Allí por el año 1993, y en Monte Buey, al sudeste de la provincia de Córdoba, dio origen a Aaxod, una empresa que brindaría servicios de Aeroaplicación, y en 1998 con la llegada de los aviones más grandes turbo hélice, empezó a realizar los primeros trabajos de lucha contra el fuego. “Mi primera gran experiencia fue en 2002 cuando fui a trabajar y reemplazar un avión en Chile. Después trabajé muchos años en los incendios de las sierras de Córdoba”, contó Díaz Ferrari en diálogo con Agrofy News. 

Desde entonces y hasta la fecha, Díaz Ferrari y su equipo se han convertido en “bomberos de altura”. Participaron de misiones en Chile, en 2019 fueron convocados para combatir las llamas en el Amazonas, y desde hace dos años participan con aviones hidrantes en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego que depende de la Nación. También tuvo contratos privados con una forestal argentina para combate de incendios y protección de plantaciones de pinos.

Por citar casos recientes, los aviones guiados por pilotos de Aaxod participaron en la extinción del fuego en el Delta del Paraná, San Luis y Córdoba. En este sentido, Díaz Ferrari detalló: “Hicimos base en La Cumbre, algunos aviones bajaron a Alta Gracia, Villa General Belgrano, y estuvimos al sur, operando desde Elena en los incendios de Alpa Corral. Todo para el Servicio Nacional de Manejo del Fuego”. 

¿Por qué decidiste incorporar el servicio de combatir incendios? Al respecto, respondió: “Siempre me gustó. Detrás de cada trabajo uno persigue un bien económico, pero también se trata de ser solidario y brindar una solución a la sociedad”. 

En este sentido, comentó que “desde 1998 hasta la actualidad hemos colaboramos en nuestra zona, y llevamos aproximadamente 100 horas voladas ad honorem”. 

Debido a su doble experiencia como piloto forestal y aplicador, hizo hincapié en que a veces existe un concepto errado y extremo por parte de la sociedad: “Al avión aeroaplicador lo ven como un demonio, siendo que hace una actividad lícita dentro de los parámetros que corresponde con productos habilitados y el equipamiento necesario; mientras que, a un avión similar, un poco más grande y preparado para la lucha contra incendios, lo ven como el salvador”. 

¿Cómo se puede revertir esta imagen? 

Para el piloto monteboyense, “los aeroaplicadores deberíamos haber hecho mea culpa hace mucho tiempo. Es una actividad muy solitaria, en la cual no hemos tenido la capacidad de discutir. De nuestra parte, hubo un error comunicacional de silencio durante muchos años, y tal vez, no salimos a explicar las cosas a tiempo. Hoy cuesta un poco más advertir esta situación, aunque la FEARCA viene haciendo un excelente trabajo de difusión”, enfatizó, y agregó: “Hay que trabajar para que la sociedad entienda que la tarea del aeroaplicador es totalmente profesional, bajo todos los estándares de calidad, las reglas de las Buenas Prácticas Agrícolas, y donde se aplican productos fitosanitarios totalmente habilitados”. 

Diferencias entre aeronaves

Con el transcurrir del tiempo se han ido especializando cada vez más, y adquiriendo modernos equipos. La empresa monteboyense dispone de dos aviones aeroaplicadores, y cinco Air Tractor AT-802 que están especialmente diseñados para luchar contra incendios forestales. “Son más grandes ya que cuentan con una capacidad de 3.000 litros, compuertas computarizadas de incendio y todo el equipamiento necesario”, detalló.

Al ser consultado sobre las diferencias entre ambos, apuntó: “En promedio, los aviones utilizados para aeroaplicación tienen una capacidad máxima de 2.000 litros, y nosotros utilizamos aviones que cargan 3.000/3.200 litros. Sumado a ello, las diferencias radican básicamente en la compuerta que tiene tres veces más capacidad de descarga con respecto a un avión aeroaplicador”.

En la misma línea, señaló que las compuertas permiten programar el tipo de lanzamiento a realizar de acuerdo al fuego que existe abajo. “Para fuego en un rastrojo que es una línea delgada, se necesita un tipo de apertura mucho más fina y larga; en cambio, cuando hay incendios en plantaciones, como por ejemplo en pinos o bosque, existe la posibilidad de poder fraccionar la carga en diferentes lugares o focos de incendios diferentes”, ejemplificó el piloto. 

También destacó la importancia de la reglamentación que necesitan para trabajar. “La empresa y los pilotos tienen que estar habilitados para tal fin. Deben tener una licencia de piloto forestal, y en el caso de los aviones que nosotros operamos, hay que tener una licencia especial”.

Para Díaz Ferrari, en esta actividad existe una cuota extra de riesgo, y argumentó: “Se vuela en condiciones extremas porque se mezclan las altas temperaturas, el viento, y el humo disminuye la visibilidad”, y resaltó: “Es un trabajo que tiene que ser en equipo y coordinado con toda la gente que está abajo para que sea más eficiente”.

Si bien disfruta de realizar ambas actividades, como piloto aplicador y forestal, confesó: “La lucha contra incendios forestales siempre me atrajo más”. 

Ver notas sobre los incendios en Córdoba.

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