Unión Europea–Mercosur: oportunidades y desafíos para el agro argentino
Se prevé que el acuerdo abra oportunidades para las cadenas agroindustriales argentinas, aunque sin una estrategia público-privada clara, el potencial podría desaprovecharse
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La aprobación del acuerdo Unión Europea–Mercosur por parte de los embajadores de los países miembros de la UE, tras más de 25 años de negociaciones, marca un punto de inflexión para las cadenas agroindustriales argentinas. Según un análisis de Maximiliano Díaz, socio director de Endógena Consultora, el acuerdo, deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo y por el Congreso Argentino, y abrirá un escenario de oportunidades comerciales con impacto directo en; precios, márgenes y destinos de exportación.
“La aprobación abre una oportunidad básicamente para las cadenas agroindustriales argentinas”, sostiene el consultor, que viene analizando en profundidad los efectos económicos del acuerdo sobre los distintos productivos del país.
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Uno de los casos más relevantes es el de la soja. Según los estudios de Endógena, la combinación entre una eventual baja de retenciones internas y la reducción de aranceles europeos podría modificar la lógica actual de los flujos comerciales. “Con estos cambios, podría resultar incluso más beneficioso exportar soja a la Unión Europea que a la propia China”, explica Díaz.
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Brasil como referencia y una negociación trabada: el reclamo de los semilleros por la nueva leyPor su parte, el embajador de la Unión Europea en Argentina celebró el acuerdo y publicó en redes sociales: "Un paso más hacia la creación de un mercado integrado de más de 700 millones de personas". También confirmó que la firma será en Paraguay.
Oportunidades y desafíos
El consultor explica que el impacto no se limita a los grandes complejos. Producciones regionales como el arroz y la miel también aparecen entre las beneficiadas. En estos casos, la mejora de condiciones de acceso al mercado europeo permitiría incrementos de entre 4 y 5% en los precios percibidos por los productores, de acuerdo con los relevamientos realizados por la consultora.
La ganadería bovina es otro de los sectores con perspectivas favorables. “Hay un beneficio claro en algunos cortes de carne, que permitiría mejorar los márgenes de rentabilidad del sector”, señala Díaz, en un contexto donde el acceso a mercados de alto poder adquisitivo resulta clave para capturar mayor valor agregado.
También se observan oportunidades en otras cadenas como quesos y sorgo, principalmente asociadas a la baja de aranceles que contempla el acuerdo. Sin embargo, el escenario no está exento de condicionantes.
El bloque europeo difundió un documento en el que resaltó los beneficios para el país. En este sentido, se señala que la eliminación del arancel sobre la cuota Hilton fortalecería a la industria bovina argentina, así como las exportaciones de carnes.
Además, indicó que reduciría costos industriales, ya que Argentina importa maquinaria, insumos y bienes de capital. También le permitiría recuperar exportaciones en sectores como biodiésel, aceites, langostinos, cítricos y pesca.
“El acuerdo no va a ser automático. Argentina tiene que tener claro dónde están sus oportunidades particulares dentro del amplio acuerdo”, advierte Díaz. Por un lado, resta la aprobación formal del Parlamento Europeo; por otro, el Congreso argentino deberá avanzar con rapidez para habilitar el marco legal que permita aprovechar los beneficios potenciales. A esto se suma un desafío central para el sector privado: elevar los estándares de trazabilidad, certificación y cumplimiento normativo exigidos por la Unión Europea.
En ese sentido, el acuerdo no solo plantea una oportunidad comercial, sino también una exigencia estratégica. Convertir el nuevo marco en resultados concretos dependerá tanto de las decisiones políticas como de la capacidad de adaptación de las empresas y cadenas productivas argentinas.
La Unión Europea prevé que el acuerdo podría entrar en aplicación a finales de 2026. El próximo paso será que el tratado pase al Parlamento Europeo para su aprobación. Luego, los gobiernos de cada país del Mercosur comenzarían el proceso de ratificación de acuerdo a sus procedimientos nacionales.
Por último, tras finalizar los procedimientos internos de la Unión Europea, el acuerdo entrará en aplicación con los países de Mercosur que lo ratificaron.
