La "SuperRaza" de productores argentinos que puede llevar a la agricultura a un nuevo nivel: "Las posibilidades de crecimiento son infinitas"

Marcelo Torres afirmó durante el Congreso Aapresid 2026: “El productor argentino es como un jugador de potrero; con reglas claras podemos llevar la agricultura a otro nivel”

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07deAgostode2026a las15:52

El productor argentino aprendió a jugar en escenarios cambiantes. Crisis económicas, modificaciones en las políticas públicas, cambios en el tipo de cambio, restricciones comerciales y diferentes ciclos productivos moldearon durante décadas a un empresario agropecuario que, además de producir, debió aprender de economía, finanzas, tecnología y gestión.

Esa capacidad de adaptación es, para Marcelo Torres, presidente de Aapresid, uno de los principales activos que tiene la agricultura argentina para proyectar su crecimiento.

“Sin duda en Argentina tenemos una super raza de productores”, sostuvo durante el Congreso Aapresid 2026 Torres al analizar las características que distinguen al empresario agropecuario local.

La definición apareció en el marco de una reflexión sobre cómo el productor argentino logró desarrollar herramientas y estrategias para desenvolverse en un contexto que, según describió, muchas veces fue “hostil” y siempre resultó desafiante.

Un productor que aprendió a jugar en escenarios cambiantes

Torres señaló que los productores argentinos están acostumbrados a mirar permanentemente el contexto que los rodea.

“Los productores argentinos están permanentemente mirando el contexto que va cambiando, las políticas, todas las políticas públicas, la apertura de las exportaciones, el cierre de las exportaciones, la brecha cambiaria”, enumeró.

Para el presidente de Aapresid, esa experiencia no se limita a los últimos años, sino que forma parte de una construcción histórica.

“Este productor se acostumbró a saber de economía, de finanzas, de recursos humanos”, explicó.

En ese proceso, además, el sector desarrolló soluciones propias frente a las necesidades que aparecían en cada campaña. Torres mencionó como ejemplos el desarrollo y la adopción del silobolsa, así como la expansión de la siembra directa, que permitió transformar buena parte de la forma de producir en Argentina.

“Tuvo que mejorar la parte operativa, además de la ventaja agronómica. También desarrolló la directa”, destacó.

La metáfora del “jugador de potrero”

Torres eligió una comparación futbolera para explicar el potencial que observa en los productores argentinos.

Según su mirada, ese productor fue moldeado en un ambiente “tan hostil a veces y tan desafiante como el jugador de fútbol potrero”.

La diferencia, planteó, aparece cuando ese jugador llega a un escenario con mejores condiciones para desarrollar todo lo aprendido.

“Si este productor moldeado en este ambiente tan hostil a veces y tan desafiante como el jugador de fútbol potrero lo ponemos en una cancha plana, con el pasto cortito, las líneas marcadas, los arcos con redes, creo que podemos llevar la agricultura argentina a otro nivel”, afirmó.

La metáfora apunta a un punto central de su diagnóstico: el conocimiento y la capacidad de adaptación ya están presentes. El desafío pasa por generar las condiciones para que ese capital pueda expresarse con mayor previsibilidad.

Reglas claras y una estrategia para capturar valor

En ese sentido, Torres planteó que Argentina tiene una oportunidad si logra combinar las capacidades desarrolladas por sus productores con un marco de reglas más estable.

“Si a esto que aprendimos de vuelta de ser empresarios que conocen de economía, de finanzas, todo lo que te dije, pero lo ponemos con reglas claras, sabemos a dónde vamos y tratamos de ver cómo posicionamos nuestras cadenas productivas para capturar valor, yo creo que las posibilidades de crecimiento del argentino son infinitas”, señaló.

La mirada no se limita al volumen de producción. El foco también está puesto en cómo las cadenas agroindustriales pueden posicionarse para generar y retener mayor valor a partir de los recursos, el conocimiento y la tecnología disponibles.

Para Torres, esa combinación puede convertirse en una de las principales fortalezas competitivas de la agricultura argentina.

Una red que también es parte del modelo argentino

Otro de los aspectos que destacó el presidente de Aapresid es la forma en que productores, asesores, contratistas, universidades y centros de investigación interactúan dentro del sistema productivo.

“Acá son redes, redes de contratistas, asesores, productores que se entremezclan”, explicó.

Y remarcó que esos roles muchas veces no permanecen separados. Un asesor puede comenzar trabajando junto a un productor y, con el tiempo, convertirse en socio, comenzar a producir o incluso compartir inversiones en maquinaria.

“Un asesor que arranca, un chico joven asesorando, pero termina sembrando en sociedad con su asesorado y terminan comprando una pulverizadora juntos”, ejemplificó.

Para Torres, esa dinámica constituye una característica diferencial del entramado agropecuario argentino.

“Eso es patrimonio del agro argentino”, concluyó.

El desafío de transformar una fortaleza en crecimiento

La capacidad de adaptación de los productores, el conocimiento acumulado y la existencia de redes entre los distintos actores aparecen así como activos que el sector ya construyó.

La discusión, según la visión del presidente de Aapresid, pasa por cómo transformar esas fortalezas en una estrategia de crecimiento sostenido.

Para eso, consideró clave contar con reglas claras, previsibilidad y una mirada que permita posicionar las cadenas productivas argentinas para capturar mayor valor.

El desafío es pasar de la capacidad de sobrevivir y adaptarse a contextos cambiantes a aprovechar todo ese conocimiento en un escenario que permita desplegar el potencial productivo y empresarial del agro argentino.

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