Sectores de la carne en pie de guerra con los curtidores
Denunciado por los Estados Unidos y la Unión Europea, vapuleado por la industria frigorífica argentina y calificado de "rémora" por los productores agropecuarios, el sistema actual prohíbe la exportación de cueros sin curtir (50% del recupero animal). Es decir que las curtiembres pautan un precio de compra al que los abastecedores de materia prima deben atenerse, complacidos o no.
Al mismo tiempo, las cámaras que agrupan a los industriales del cuero poseen la facultad aduanera de inspeccionar y autorizar cada envío al exterior.
Desde la década del setenta la regulación del mercado de cueros argentinos intentó consolidar un producto de mayor valor agregado, mediante el procesamiento total de la materia prima.
Cerca de 8000 personas trabajan hoy en las curtiembres y un operario normal cobra menos de 1000 pesos por mes. Existen unas 300 empresas en el país y la mayoría se ha instalado en el Gran Buenos Aires y la Capital Federal.
De todos modos, pese a contar con ventajas comparativas obvias de abastecimiento y de comercio, el sector enfrenta un fuerte endeudamiento con el Estado.
Basta recordar el caso del grupo Yoma, actualmente en concurso preventivo y con un quebranto de 140 millones de dólares, la mayor parte con el Banco Nación.
Naturalmente, la disconformidad surge de aquellos que también desean participar de este negocio.
Las exportaciones de cueros ascienden a los 900 millones de dólares, 200 millones más que el total de los embarques de carnes.
Unas dieciocho entidades de diferentes sectores suscribieron la semana última un comunicado titulado: "Finaliza uno de los grandes males para la ganadería". Allí denunciaban que el régimen lesiona el libre comercio, alienta el proteccionismo y va "en contra de la política económica del país".
En realidad, Héctor Salamanco, director de la Asociación de la Industria Argentina de la Carne (AIAC), espera que el Gobierno no haga nada, que deje las cosas como están: "Si no hay otra resolución, el régimen actual se muere solo", dijo.
Sin embargo, en la Secretaría de Industria del Ministerio de Economía está lista una resolución -al parecer impulsada por los curtidores- que prorroga el controvertido régimen.
"Tendríamos que pensar en altos niveles de corrupción", disparó Salamanco al referirse a la posibilidad de que el cronograma de derechos a la exportación de cueros se prolongue.
No en vano, la AIAC analiza junto con las demás cámaras que agrupan a la industria frigorífica una batería de acciones, entre las que no se descartan medidas legales inmediatas.
Pese a la insistencia en las llamadas telefónicas, el presidente de la Cámara de la Industria Curtidora Argentina, Eduardo Widler, no respondió a La Nación sobre los cuestionamientos de los otros sectores.
"Esto es escandaloso, porque posiciona muy mal al país y al Gobierno con respecto al mundo", se quejó Salamanco. De hecho, para los Estados Unidos el proteccionismo argentino encierra algo más que la intención de salvaguardar sólo a una industria.
En la Organización Mundial del Comercio (OMC), por otra parte, se ha formado un panel de discusión para analizar posibles sanciones a la Argentina.
Por Franco Varise
De la Redacción de La Nación
