Soja transgénica argentina se contrabandea a Brasil

21deFebrerode2000a las08:05


JOIA, RíoGrande do Sul.- En las fazendas el silencio es más elocuente que laspalabras. Las miradas expresan lo que callan los labios... miedo. El lenguaje sedosifica con extrema cautela. Sólo a condición de mantener en reserva losnombres los agricultores construyen su relato con espontaneidad.

Lo que les cierra la boca es nada más y nada menos que el contrabando desoja transgénica... desde la Argentina.

Se estima que en este Estado más de un millón de hectáreas estáncultivadas con las semillas genéticamente modificadas para resistir herbicidasy plagas, que es lícito producir en terreno criollo pero no en suelo brasileño.

Basta acercarse al interior rural para descubrir todo lo que involucra estecomercio furtivo.

Cientos de agricultores adoptaron la soja pirateada para disminuir loscostos hasta un 20%, por menor aplicación de agroquímicos.

Les irrita que sus competidores argentinos y norteamericanos corran conventaja en la carrera transgénica y, como si fuera poco, que Brasil recurra aesa producción cuando necesita abastecer la industria molinera o aceitera.

Su evaluación no ostenta la fundamentación del científico ni lastendencias que revelan los analistas del comercio internacional. La contundenciade sus afirmaciones se arraiga en el impulso vital de sobrevivir.

"¿Por qué se arriesga la libertad? Es la desesperación por superar lacrisis", dispara categórico Eugenio Tamiozzo, viejo productor de estalocalidad, que se desconcierta por "la indiferencia del gobierno estadualante las necesidades rurales".

"La agricultura está sofocada por frustraciones de zafra y porproblemas financieros de arrastre. Todos concentran sus esperanzas en la sojatransgénica. La eficiencia productiva depende de la adopción de esa tecnología",explica Tamiozzo.

El término biodiversidad no figura en su vocabulario de uso. Los matices dela conversación se reducen a los rendimientos por hectárea.

Las discusiones se focalizan en la ineficiencia que demuestran algunosherbicidas, pues los resultados de las campañas agrícolas dependen del controlsanitario. Con ese argumento se justifican quienes off the record asumensu ilegalidad.

Ninguno de ellos vacila en reconocer que, frente a los bajos precios de losgranos, la disminución de los índices de productividad, el agobio delendeudamiento y la falta de políticas que reviertan el cuadro crítico, la sojapirateada es la salvación.

"Las semillas convencionales demandan una inversión de US$ 66 por ha enherbicidas, mientras que las transgénicas sólo suponen US$ 22 por hectárea.Otra ventaja es el ahorro de tiempo y esfuerzo. Basta con una aplicación de Rounduppara eliminar las malezas", evalúan aquí.

Por lalibertad de elección

Mientras circulael mate, un grupo de agricultores distingue las variedades de Nidera, Pioneer yMonsanto que llegan desde la Argentina. Explican que las compras se concentranen las semillas de última generación y que una vez que se disipa el riesgo dehaber importado problemas sanitarios decenas de productores se atreven aadoptarlas.

La evidencia de la ilegalidad está a la vista, pero nadie puede reconocerla.Sólo minuciosos análisis técnicos distinguen la soja transgénica de laconvencional.

"No hay razones técnicas para impedir la liberación comercial de lostransgénicos. ¡Ahora esperamos el maíz y el trigo con ese potencial! Laadopción masiva de estos cultivos forzará su legalización", señalaTamiozzo.

"Las s

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