La carrera biotecnológica se disputa en los campos de Brasil
El contrabando de soja transgénica argentina apunta a un mercado de más de US$ 500 millones
El debate incluye, además, los argumentos que esgrime el secretario deAgricultura gaúcho, José Hermeto Hoffmann, que pertenece al Partido delos Trabajadores, y la crisis de rentabilidad que enfrenta el sectoragropecuario.
En este país el comercio de semillas y herbicidas movilizó más de 537millones de dólares, según datos de 1999. Por redistribuir ese volumen denegocios puja la elite de empresas que apuestan a la biotecnología.
Prueba del interés que despierta el suelo brasileño como mercado son los350 proyectos de investigación con arroz, algodón, caña de azúcar, maíz ysoja transgénicos, aprobados por la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad.
Pero la línea política del flamante gobierno estadual apunta en sentidocontrario. Su posición se define en folletos que llegan hasta Europa.
En síntesis, se explica: "La ley de patentes, aprobada en 1996,transformó en negocio la investigación agropecuaria, deflagrando el proceso demanipulación molecular. El Estado no concuerda con eso porque cree en launiversalidad del saber y en la apropiación social de los beneficios de laciencia. Queremos convertir a Rio Grande do Sul en un polo de producción yexportación de alimentos no transgénicos".
A estas alturas, la realidad supera las intenciones partidarias. Esirreversible la difusión de la soja transgénica contrabandeada desde laArgentina.
La Asociación de Productores Brasileños de Semillas estima que más del 30%de la superficie cultivada con la oleaginosa en el Estado sureño es genéticamentemodificada.
Entre las evidencias, aparte de las muestras de lo incautado en los campos,se registra una caída en las ventas de insumos agropecuarios convencionales yel aumento del uso de herbicidas a base de glifosato.
Más allá de la discusión internacional, en la que la organizaciónecologista Greenpeace apunta los cañones para defender la biodiversidad y elderecho de los consumidores a conocer el origen de los alimentos, losproductores gaúchos adoptaron la soja pirateada como salvavidasde su economía.
"El país no necesita de semillas transgénicas para ganar posiciones.Si Brasil se distinguiera por la producción de alimentos naturales lograríamayor presencia en Europa y Asia", predica Hoffmann.
En Passo Fundo, una localidad ubicada al Noroeste del Estado, la situaciónes evaluada desde un punto de vista diferente. "Los europeos se oponen aestas semillas porque sus industrias no dominan esa tecnología. Con su rechazodisfrazan intereses económicos.La polémica está lejos de la cuestión biológica,está fomentada por una batalla comercial", sostiene Gilberto Gomes,titular de la cartera agrícola local.
Por su parte, el jefe general de la Empresa Brasilera de InvestigaciónAgropecuaria, Benami Bacaltchuk, sostiene que "el mercado europeo esinsignificante para Brasil. ¿Por qué empecinarse en defender un destino que noes prioritario? Los mayores consumidores de nuestra soja son China, Japón yalgunos países de Africa. Y, para aumentar nuestras exportaciones, el país nopuede quedar rezagado en el desarrollo tecnológico".
Mientras aquí la controversia parece no tener fin, la biotecnología ocupaun lugar cada vez más importante en la transformación de la agriculturamundial.
En 1999 la superficie cultivada con transgénicos sumó 39,9 millones de hectáreas,lo que significa un crecimiento del 44% respecto del año anterior. Ese año elmercado mov
