Desempleo y migración, otra cara de la crisis

17deMarzode2000a las08:02

La difícil situacióndel campo argentino (Nota III)

DARREGUEIRA,Buenos Aires. -Por el camino de tierra que va de Pigüé a Goyena, un monteoculta un puesto abandonado. La casa está vacía y cerrada. Allí nadie arreglalos alambrados ni corta el pasto ni repara lo que queda del molino, del galpóny del gallinero. El sonido del viento se torna metálico cuando atropella losrestos de un tanque australiano. Viejos arados de discos quedan como anacrónicosprotagonistas del esplendor agrícola en estas pampas.

La imagen forma parte del paisaje en el sudoeste bonaerense. El ajuste suponedesde la reducción de salarios hasta el despido de peones, puesteros ycapataces.

Todavía no hay números oficiales que registren el fenómeno. Pero esevidente que el desempleo y la migración hacia las ciudades es uno de losefectos más graves de la crisis financiera del agro.

En la estación El Divisorio, a 60 kilómetros al sur de Coronel Pringles,Julio Ruiz ocupa una casa que quedó solitaria cuando el progreso ya no transitópor aquellas vías férreas.

La huerta y los animales de granja aseguran el alimento para los niños a sucargo. Ex empleado rural, este hombre de 46 años vive de lo que aportan doshijos varones, que palean cereal en una cooperativa cercana.

Ruiz espera reunirse con su mujer en la ciudad, donde ella busca trabajo yatención médica para una de sus hijas. Confía que allí surgirán lasoportunidades que no le provee el agro porque "todo está parado".

El mayor de la prole opina lo contrario. Claudio se instaló en un barrioperiférico de Coronel Pringles, pero acompasa las tardes entre mates y vino dedamajuana. Así calma la impaciencia frente a la lentitud con que llegan laschangas.

La familia Ruiz, hoy disgregada, es asistida por voluntarios de Cáritas. Laproliferación de estos casos obligó a la entidad a multiplicar sus servicios.Las visitadoras recorren 820 casas con necesidades básicas insatisfechas.

"Antes de ofrecer ayuda es prioridad descubrir qué quieren estasfamilias. Hay que escuchar antes que imponer. Sólo así se puede encarar untrabajo fructífero", aconseja el cura párroco Ramón Acevedo.

A la espera dealimentos

En un pasillodel hospital de Coronel Suárez, Antonio espera una bolsa de alimentos. Porflojeras de salud perdió su puesto en el campo y debió trasladarse a la ciudadpara vivir de lo que la Providencia le ofreciera...

"Por la reducción del pago en especies y la inestabilidad laboral,muchos abandonaron sus comunidades rurales de origen. Pero la adaptación setorna difícil porque no tienen herramientas culturales para desenvolverse en elmedio urbano", cuenta Paula Fernández desde la dirección de AcciónSocial de Coronel Suárez.

No tienen cobertura médica ni ingresos para costear la educación de sushijos. Algunos reciben indemnización y construyen una casa precaria. Otros sonacogidos por familiares, pero terminan hacinados.

"Los hombres no se resignan a abandonar su papel habitual y, cuando seacaban las changas en épocas de siembra y cosecha, frecuentan lugares dondepueden encontrar potenciales empleadores. La remuneración es mala, pero laaceptan porque es mejor algo antes que nada", relata Laura Sambrano,titular del área.

"Las mujeres son las más inquietas: consiguen desde el comedor escolar

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