Las empresas locales se oponen al etiquetado

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11deAbrilde2000a las08:17

La flamantenormativa impulsada por la Unión Europea (UE) respecto del etiquetado de losproductos transgénicos abre un nuevo frente de batalla para la Argentina.

Sucede que aquí más del 70 por ciento de la soja cultivada proviene desemillas genéticamente alteradas (se introducen genes para producir plantasresistentes a plagas y a herbicidas). En cuanto al maíz, la proyección es dehasta un 35 por ciento para este año.

"No hay ningún país que se haya beneficiado tanto con los materialestransgénicos como la Argentina", opinó Eduardo Leguizamón, presidente deNidera Argentina, una multinacional dedicada a la comercialización de granos ysemillas.

La posición de Leguizamón con respecto a la certificación resultacontundente: "En Europa hay una enorme hipocresía, ¿por qué no etiquetandetallando qué pesticidas tóxicos se utilizan para fumigar la sojatradicional"?, se preguntó.

El debate acerca de la identificación de los organismos manipulados genéticamentedata de hace varios años. El gobierno europeo hizo punta en la individualizaciónde estos productos. Ellos alegan una fuerte demanda de la población por conocerqué consumen.

En la vereda contraria están los Estados Unidos. Más de la mitad de lacosecha norteamericana de soja y una tercera parte del maíz son de origentransgénico. Ese país acusa a la UE de emplear este tipo de medidas de unamanera paraarancelaria, pues habrían quedado relegados en la vertiginosacarrera biotecnológica emprendida en la década del noventa. "Una medidaunilateral de esta naturaleza siempre es preocupante y por supuesto, nosoponemos", consideró Raquel Caminoa, de la Cámara de IndustrialesAceiteros de la República Argentina (Ciara), pese a que las empresas de aceitesy harinas de soja estarían aparentemente exentas de la regulación.

De todos modos, en la Argentina hoy conviven posiciones encontradas. Hacepocos días, el senador Edgardo Gagliardi (Alianza-Río Negro) presentó unproyecto de ley que exigiría la identificación de los alimentos de origentransgénico antes de su comercialización.

Para las exportadoras de granos significaría un aumento de costos en loscanales de comercialización. Además, las firmas entienden que no existenrazones para certificar algo que supuestamente es inocuo para las personas. SegúnMiguel Alvarez Arancedo, de Aventis Argentina, el etiquetado es irreversible:"Pero debería hacerse sobre los materiales no transgénicos, que pasarána ser la minoría", concluyó.

Por FrancoVarise
De la Redacción de La Nación

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