Riesgo para la soja
Falta cosechar un 40 por ciento del principal cultivo del país y aún no pueden ingresar las máquinas en los campos por los anegamientos; se temen pérdidas en la calidad por enfermedades del granoSon lasparadojas que vive el productor agropecuario en la Argentina. Hasta no hacemucho tiempo se hablaba de los caprichos de La Niña, ese devastador efecto climáticocaracterizado por la sequía. Pero en la semana que pasó, en tres días lloviótanto que se tuvo que interrumpir la cosecha gruesa.
Y la soja, el cultivo más importante del país (por producción, 20,1millones de toneladas, y por valor, unos 185 dólares la tonelada), es la queestá más demorada.
La explicación que dio el Instituto de Clima y Agua del Instituto Nacionalde Tecnología Agropecuaria (INTA) es que la reversión del fenómeno La Niñaha determinado un cambio en el régimen de precipitaciones sobre el país quegeneró lluvias por encima de los valores normales durante marzo, abril y lo queva de mayo, fundamentalmente en toda al área central que incluye la región núcleosojera (Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba).
Es paradójico también que justamente estos últimos episodios ocurren enmomentos en que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación(Sagpya), en sus últimas estimaciones acaba de anunciar que se espera lasegunda producción de granos más alta en volumen en el historial agrícolanacional.
Como si esto no alcanzara para marcar la ironía del destino que tiene elhombre de campo, hace menos de dos semanas se registró un cambio de rumbo enlas cotizaciones internacionales, luego de que las crisis económicas mundialesdeprimieran los precios durante los últimos tres o cuatro años.
Aseguraron entonces los analistas que estábamos en presencia de otromercado. La sequía en los Estados Unidos había provocado subas excepcionalesen las cotizaciones de la soja en el mercado de Chicago, situación que en horasse tradujo en euforia en la plaza local.
Pese a que por estas horas las lluvias también llegaron el cordón agrícolanorteamericano y calmaron un poco los precios, éstos siguen siendo muy buenos.
Pero como también se advirtió, el productor de nuestras pampas sólo podrásalir a festejar cuando tenga el grano en el silo. En ese sentido, las fuerteslluvias caídas entre el sábado y el miércoles últimos no dejan cosechar y aúnfalta levantar, en promedio, un 40 por ciento de la oleaginosa, coincidieronEnrique Erize, de la consultora Nóvitas, y Adrián Seltzer, de Agri-PacConsultores.
Al margen de la desesperación del productor, esta situación provoca una lógicapreocupación en la industria, que ya está pensando si dispondrá de materiaprima suficiente para moler.
Según Alberto Rodríguez, de la Cámara de la Industria Aceitera de la RepúblicaArgentina (Ciara), siempre que se paraliza una cosecha "nos preocupa,porque la capacidad instalada es superior a la de la producción".
Agregó Rodríguez que aun con buenas cosechas, todos los años se debeimportar un millón de toneladas.
Paciencia En este último caso, la variante que se analiza es ingresar con cosechadorasespeciales con orugas. Pero esta alternativa constituye un costo adicional parael productor, que se verá obligado a contratar ese servicio. Otro aspecto que atenta contra los costos es el estado de los caminos, queobligaría a una reducc
Dicen losentendidos que habrá que esperar unos cinco días como para poder entrar conlas máquinas, siempre y cuando no vuelva a llover. Si ello ocurre, la demora yla angustia del productor irá en aumento.
