Reflejos sensibilizados
Por Franco Varise
De la Redacción de La Nación
Pero aún no se ha alcanzado ese estadío, cabe aclarar. Los reflejos de losproductores continúan sensibilizados por ese cruel demonio que dejó cicatricesdifíciles de borrar: el rifle sanitario, las fosas de cal y los síntomasmortales de la infección en los animales.
Allá por 1971 se produjo el quiebre. La Argentina dejó de ser el principalexportador de carnes mundiales y Australia tomó el cetro -actualmente vende1,25 millón de toneladas al año, contra las 332.000 de la Argentina-. Latierra del bife, el gaucho y las pampas inició así un brusco descensodentro del comercio internacional de carnes. De hecho, hoy sólo representa el0,4% de las ventas mundiales.
La falta de competitividad, políticas desacertadas, razones macroeconómicasy sectoriales fueron parte del menú de sinsabores que colocó a la industriafrigorífica al borde del abismo. En ese trágico listado, la fiebre aftosa ocupóun lugar privilegiado y estigmatizó al más característico de los productosprimarios argentinos.
Sin embargo, en la década del ochenta, el músculo y el cerebro de losproductores y los científicos impusieron un sistemático combate de laenfermedad. ¿El arma? La vacuna oleosa creada por el doctor Schlein Rivenson,del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
El desafío acaba de comenzar. Aún existe un 22% del mercado mundial cerradoa las carnes argentinas. Se trata del codiciado circuito de países no aftósicosa los que, por supuesto, acceden los productores líderes.
Los productores esperan que, a partir de la declaración de la OIE, se tomenmás acciones concretas que potencien las aptitudes naturales de la Argentina.
