Chacho peor con senadores del PJ y también Alianza

22deJuniode2000a las08:05

Escribe Marcelo Mendieta (h)

El PJ terminó de montar ayer una maniobra para aislar a Carlos ChachoAlvarez y marginarlo de cualquier negociación en el Senado. Gracias a laintención conciliadora de la UCR -la noche anterior habían resuelto conveniruna agenda mínima con el peronismo para no cerrar esa ala del Congreso-,Augusto Alasino y los suyos recibieron al mediodía una delegación animada porJosé Genoud, Raúl Galván y algunas de las principales espadas deloficialismo, entre ellas, Leopoldo Moreau, Luis León, Mario Losada y JoséMaría Sáez. «Queremos aclararles que nosotros no somos Chacho», se disculpóGalván al comienzo de la charla, en señal de distanciamiento con Alvarez(también estaban molestos con sus declaraciones). León y Moreau asintieron conla cabeza.

Los justicialistas ya estaban convencidos de que habían abierto una brechaentre sus interlocutores y el Frepaso. Terminaron de convencerse cuando entró alas dependencias de la oposición Pedro Del Piero, quien se convirtió ensolitario defensor de su jefe partidario. En ese ingrato papel pidió que nohubiera sesión por la tarde. Obviamente, no le hicieron caso.

Flanqueado por Julio San Millán (Salta), el jujeño Alberto Tell (autor devarios párrafos del documento que confeccionaron, a la salida de esteencuentro), la cordobesa Beatriz Raijer, Jorge Villaverde (Buenos Aires) y elchubutense Osvaldo Sala, entre otros, Alasino comentó que quería mantener uncanal abierto con Genoud y Galván. El mendocino trató de apurarlo: «¿Perovan a apoyar al Presidente, o van a seguir belicosos?». «Es cierto -apuntó sucorreligionario de La Rioja-, todavía guardan en el freezer la emergenciaeconómica.» «Antes, José Luis Machinea debería cumplir con su promesa yvenir a explicar el proyecto; si hacemos modificaciones, se puede hablar»,respondió a Galván. San Millán intervino para recitar una por una todas lasleyes que aprobaron, a pedido del gobierno.

Respeto

El misionero Losada pidió que «hagamos algo para jerarquizar el Senado».«Mirá, Mario, primero Alvarez debería respetar a los integrantes delcuerpo», clamó Raijer.

Alvarez pretendía mostrarse victorioso en la pulseada. «Sacaron el pie delacelerador y se tuvieron que comer que los calificara de banda deextorsionadores», simulaba satisfacción ayer el vice frente a Fernando de laRúa, en Olivos. En esas tenidas, evaluaba que ya había quedado marginado decualquier negociación con la mayoría senatorial, pero salía fortalecidomediáticamente. «Si no puedo dialogar con ellos, era mejor dar un portazo ylisto», se ufanaba. No decía una palabra de que el peronismo habíadesencadenado su desplazamiento. O de que no había podido encabezar la sesiónde la víspera. Menos aún, mencionaba cuál podía ser la suerte de losproyectos clave para el oficialismo, como la emergencia económica, en medio deese clima de beligerancia.

Simulaba que no le importaba haber perdido protagonismo en las conversacionesbilaterales. A pesar de que había intentado desde el principio de su mandato,hacer buenas migas con el PJ. Salvo la negativa a tomarle juramento a RodolfoBarra como auditor general de la Nación (que desató una pelea con José Genoudy la primera batalla trunca con Alasino y compañía), Chacho procuró estar enel centro de los toma y daca con el peronismo, incluida la polémica reformalaboral.

A espaldas del presidente, admitía que no podía hablarse de triunfo hastaque no retiraran el proyecto que le cercena facultades administrativas.Telefónicamente, pudo ser todavía más sincero y exteriorizar su fastidio anteel único frepasista de la Cámara alta, Pedro Del Piero. «¿A dónde quierenllegar?», se molestó, luego de escuchar la conferencia de prensa de losperonistas en la que Alasino lo calificó de «casi fascista».

Esfuerzo

Para evitar malos entendidos y rencores pasados, Genoud fue el

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