Por qué lo llamó Menem a De la Rúa?

29deJuniode2000a las08:36

Aún el incipiente diálogo, ese juntapalabras de los políticos que piensaninstalar en la Casa de Tucumán, tiene su historia. También sus protagonistas ysus razones. Empezó pasada la segunda quincena de mayo, cuando variossindicalistas de la tradicional CGT decidieron convocar a una comida al exministro Carlos Corach en el gremio de Sanidad. Había inquietud compartida:aumento de la conflictividad social, desmejora sistemática del gobierno y augede la beligerancia gremial a manos del camionero Hugo Moyano. Quien fueratitular del Interior, habitual confidente hoy de Carlos Menem, como portavoz deéste reconoció que la situación del país empeoraba hacia situaciones nodeseadas. Alguno en la tenida gastronómica reflotó la frase de RicardoBalbín: el partido que pierde la elección debe ayudar al que ganó cuandoaparecen problemas institucionales. No se conocía esa generosidad en el PJ.

Extraño silencio

Extrañó también el silencio. Ese encuentro sanitario no fue difundido enlos medios a pesar de la presencia numerosa y casi siempre indiscreta desindicalistas como Luis Barrionuevo, Carlos West Ocampo, Oscar Lescano, JorgeTriaca (una especie de advenedizo ahora en este círculo) y Andrés Rodríguez,entre otros. Se tomaron tan en serio la misión del entendimiento, quizás, quecada uno confesó la disposición a reflotar sus contactos con el oficialismo.

Gente acostumbrada a jugar con cartas marcadas, sin embargo, se sospechabasin decirlo que la iniciativa dialoguista no surgía espontánea, natural, enesa bien servida mesa, sino que más de uno de los presentes interpretaba unpedido del gobierno. Suspicacias aparte, comenzaron a tenderse las líneas quenunca se habían cortado: Corach en su permanente trato con Federico Storani;West Ocampo con su vínculo vecinal con Cecilia Felgueras; Barrionuevo conEnrique Nosiglia; Triaca con el ministro de Salud, Héctor Lombardo. Y asísucesivamente.

Primer encuentro

También con un secreto irreconocible en el peronismo, avanzaron lasnegociaciones y hasta se consagró el primer encuentro de las partes. Lacrónica del miércoles 29 de mayo consigna que ese día Corach ingresó a laCasa de Gobierno para conversar de banalidades con su sucesor en el cargo. Peroese encuentro formal fue la fachada de otra sigilosa reunión. Corach ni sedetuvo en su anterior despacho, desde un teléfono del primer piso Fernando dela Rúa lo invitó a subir. Y allí, en principio, comenzaron a recordar susdesayunos en lo de Gustavo Soler y en la Municipalidad cuando ésta era ocupadapor De la Rúa y desde ese lugar se proyectaba a la Presidencia. Se advertiráque, antes y ahora, siempre Corach actúa como un hombre de Estado. Despuésingresaron a la generalidad del diálogo, a los temas que habrían de integrarloy a la conveniencia de que fuera la «política» -sus dirigentes, claro- elámbito de discusión. Una forma de soslayar otras pretensiones revoltosas, seanaventuras personales como la de Moyano o de otros grupos.

Acercamientos

En apariencia, Corach asistió a la reunión con De la Rúa sin la venia deMenem. Pero, ¿quién podía creerlo? Ni siquiera hubo que plantear el misterio,duró poco: el ex mandatario avaló las gestiones del ahora senador y, comomuestra, designó a Rubén Marín como primer interlocutor ante el gobierno(charla que se inicia hoy con la asistencia de otro menemista, Eduardo Bauzá).Otra muestra: el cruce telefónico que mantuvo la semana pasada con De la Rúaderrochando cordialidad. Los otros pilares del acuerdo se canalizaban con nuevas«efectividades conducentes»: Lombardo siguió negociando con los gremios lasobras sociales (se vuelven a reunir el próximo miércoles), al ministro AlbertoFlamarique lo instruyeron para que volviese a platicar con los sindicalistas dela CGT, hubo mutuos acercamientos con otros posibles participantes del diálogocorporativo, la Iglesia por un lado, los empresarios p

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