Bajan aranceles para que Chile entre al Mercosur

30deJuniode2000a las00:35

Ayer tango, hoy samba. Así definió un habitué cotidiano de Olivos el climaque rodeó en las últimas 48 horas a Fernando de la Rúa. Ese íntimo serefería a la canción que entonó el Presidente («Uno busca lleno deesperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias», declaró) elmiércoles en la inauguración de una planta de Loma Negra y a la extensareunión que compartió ayer con Fernando Henrique Cardoso, su colega de Brasil.Pero el comentario incluía un guiño sobre estados de ánimo y de allí lo delsamba: si el temperamento de De la Rúa impide en general hablar de euforias,por lo menos puede decirse que de las tertulias de ayer con su tocayo salióentusiasmado, casi alegre.

Los dos presidentes pasaron buena parte del tiempo a solas y repasaron losprincipales problemas de la agenda bilateral de mediano plazo, casi todos ajenosa la negociación más ácida, comercial, en la que están empeñadas ambascancillerías. En ese temario sobresalió el análisis de la integración deChile al Mercosur. Cardoso fue, en público y en privado, sumamente enfáticopara señalar la conveniencia de llegar a ese resultado. También De la Rúa.

No entraron en detalles pero se sugirió la posibilidad de que se hicieranesfuerzos para allanar las dificultades que disuaden a Chile para incorporarseal bloque. Esas facilidades se traducirían en la siguiente fórmula: una bajade aranceles selectiva para los rubros en los que el gobierno chileno se muestramás remiso a mantener protecciones. El cálculo que realizan los másoptimistas es que para los productos que tanto Brasil como la Argentina sonfuertes importadores, la barrera externa ronda 8%, bastante por debajo de 14%que es, a groso modo, el arancel promedio de los dos países.

El problema central sigue siendo el arancel externo común, que estableceniveles de protección que llegan a 35%, como en el caso de los autos. Para estetipo de inconveniente tanto Cardoso como De la Rúa estarían dispuestos apensar en una integración progresiva. Habrá que ver ahora cómo se traduceeste espíritu presidencial en las negociaciones concretas con Chile, tandominadas por el reproche brasileño y argentino de que ese país pretende una«integración a la carta».

Plazo

En la mesa de Olivos no se habló de fechas, pero habría que pensar endiciembre de este año para verificar si el entusiasmo de ayer resultórealista. Ese es el plazo en el que Cardoso y De la Rúa sueñan ver a RicardoLagos sentado a la mesa.

Otro asunto que al presidente chileno le resultó de principal interés fuela preparación de la cumbre del 31 de agosto y 1° de setiembre en Brasilia. Setrata de una reunión de máximo interés para la diplomacia brasileña: allíestarán todos los presidentes de Sudamérica respondiendo a una convocatoriapersonal de Cardoso. Para muchos se trata de la presentación del sociólogocomo líder natural de la región en su calidad de presidente de Brasil y haytambién quienes sospechan que para ese lanzamiento el brasileño debió esperara la finalización del mandato de Carlos Menem, decano del club durante buenaparte de su mandato. De la Rúa volvió a comprometer su presencia, después deescuchar los argumentos clásicos de Cardoso respecto de la regionalización:«Sólo en la escala de sudamericana se puede pensar en un modelo económico quenos permita sustituir la etapa de sustitución de importaciones sin pagar elcosto altísimo de la discriminación que los países centrales aplican a muchosde nuestros productos». Un razonamiento excluyente respecto de otros caminos,como el de la dolarización, por citar un ejemplo al que el presidentebrasileño resultó siempre sensible.

En la mesa de Olivos se habló también de otros capítulos de laconvergencia argentino-brasileña. De la Rúa y su huésped mencionaron lanecesidad de, paulatinamente, llegar a marcos regulatorios y tarifariossimilares en el área de

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