Las exportaciones no reflejan el consumo

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20deJuliode2000a las08:08

Escribe Richard Leslie Ramsay

Mucho se puede decir sobre estos primeros seis meses del año. Palabras comoimpuestazo o ajuste se fueron sumando a otras ya existentes como desempleo orecesión.

El ámbito del comercio exterior no fue un sector ajeno a los vaiveneseconómicos de la Argentina. Por el contrario, se ha convertido en el escenarioen el que más esperanzas de reactivación se depositaron, a través de unimpulso a las exportaciones.

Si bien nuestra balanza comercial ha evidenciado signos de recuperación, locual ha sido recepcionado positivamente entre todos los sectores involucrados,aún no se puede hablar en términos de mejora de nuestra economía y menos aúnde solución de los problemas que aquejan a toda la sociedad.

Las exportaciones crecieron, es cierto, pero no desde el punto de vista deincorporación de valor agregado.

Salto competitivo

Mientras nuestro país continúe en su perfil agroexportador difícilmente seconsiga dar un salto competitivo, porque siempre existirá una dependencia de lavariación de los precios internacionales de los commodities.

A la hora del análisis, cada uno de los sectores involucrados con elcomercio exterior prefiere continuar depositando un voto de crédito hacia elgobierno encabezado por el presidente Fernando de la Rúa. Si bien manifiestanuna serie de disconformidades, éstas no lograrían opacar el camino hacia latan esperada recuperación.

Como todo sector, el de la actividad del comercio exterior ha sufrido laincomunicación dentro del propio gobierno.

Mientras a voces abiertas se anuncian medidas de apoyo y de incentivos, sefirman paralelamente decretos, resoluciones y hasta se aprueban en el Congresoleyes contrarias al impulso del que tanto se habla. Si comparamos los primerosseis meses del 2000 con el mismo período del año anterior vemos que la balanzacomercial pasó de –357 millones de pesos a +643 millones.

El giro se explica principalmente por la mejoría de los precios delpetróleo, de los granos en promedio y del nivel de actividad en Brasil. LaArgentina recibió un beneficio en materia de términos de intercambio quefavoreció su balanza comercial con casi todos los países.

Mas allá de que un mercado interno deprimido ofrezca incentivos paraexportar, el giro de la balanza comercial sigue dependiendo más de lo exógenoque de lo endógeno.

Las importaciones siguen reflejando una economía fría donde lasimportaciones de bienes de capital caen de la mano de la suba del costo decapital y las de bienes de consumo se cotizan en baja.

No es de extrañar que mientras las exportaciones han experimentado unfavorable repunte, no suceda lo mismo con las compras internacionales ni con lasinversiones, mucho más ligadas históricamente a la evolución del crecimientodel país y a su previsibilidad.

En lo que hace al mercado interno, la Argentina precisa de una vez por todas,impulsar al verdadero sector de influencia en la economía y el empleo, que sonlas pequeñas y medianas empresas. Más allá de los anuncios, es un sector quetodavía espera soluciones en vez de sentir el ahogo fiscal y tributario que lesimpide crecer.

En estos seis meses de nuevo gobierno persiste la necesidad del cambio, deque la industria y la economía despeguen, y de que el país se muestrecompetitivo a los ojos del mundo.

Así como logró su estabilidad democrática y macroeconómica, la Argentinatiene la imperiosa necesidad de estabilidad en lo microeconómico. Estosignifica impulsar a las PyMEs, a las pequeñas industrias, lo que se traduce endefinitiva en darle trabajo a la gente.

Mejorar la productividad interna y ampliar las opciones del espacioexportador constituyen dos alternativas necesarias y complementarias paraproducir el shock de confianza que recuperará "la mística" de losargentinos.

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