La biotecnología en la agricultura, materia de debate en un seminario

18deAgostode2000a las08:08

Escribe Eduardo Estéfano Enviado especial

Otto Solbring, el prestigioso catedrático argentino, director del CentroDavid Rockefeller de la Universidad de Harvard (EE.UU.), simplificó en unaspocas palabras las decenas de disertaciones que se escucharon durante la dosjornadas que integraron el seminario de Biotecnología, realizado en Mar delPlata: "No traemos soluciones, simplemente nos proponemos analizarampliamente las perspectivas de la biotecnología aplicada a laagricultura»,dijo.

Efectivamente, las reuniones que culminaron el martes, a las que asistieronunas 500 personas, con la organización de la Asociación Argentina deProductores en Siembra Directa (Aapresid) y el Centro de EstudiosLatinoamericanos David Rockefeller, de la Universidad de Harvard (Drclas), fueun amplio repaso de los pasos que dio hasta aquí la biotecnología, pasos quepodrían considerarse un gateo frente al gran potencial que tiene esta cienciaen el futuro inmediato.

Aquella frase de Solbring aunque sencilla, encierra el gran debate que se hagenerado a raíz de los inmensos progresos provocados por la biotecnología enla producción agropecuaria a través del desarrollo de la ingenieríagenética.

Varios conceptos quedaron muy claros en el transcurso de las dos jornadas:

1) La posición de los europeos, férreos opositores de los productosgenéticamente modificados, es cada día más débil porque han agotado losargumentos de refutación científica.

2) La discusión ahora es política y no científica. Está probado que losproductos transgénicos no son perjudiciales para la salud.

3) Los productores, definitivamente, están decididos a apoyar labiotecnología y a utilizarla, pero esperan que otros sectores, como el Gobiernoy la industria, les den señales claras para seguir produciendo y no quedarencajonados entre las paredes de una lucha de intereses.

4) El comercio internacional está comenzando a reaccionar frente a lascuestiones que plantean los productos transgénicos y a dar los primeros pasosregulatorios, para evitar la proliferación de barreras parancelarias esgrimidaspor las naciones que se oponen a este tipo de productos.

Una de las mayores polémicas que envolvió a los panelistas es por qué seacepta el uso de la biotecnología para la producción de remedios humanos y nopara el sector agropecuario. Esta contradicción debilita objetivamente aúnmás la posición europea sobre los transgénicos.

Quedó también en evidencia que los Estados Unidos teme que los europeos"jueguen" con el supuesto miedo de la gente para evitar exponerse anuevas posibilidades de crisis alimentarias, como sucedió con el mal de la VacaLoca o la dioxina en los pollos en los últimos años.

El inglés, Julian Kinderlerer, de la Universidad de Scheffield, quien semostró más reticente a aceptar los logros de la biotecnologia en el agro,intentó una explicación respecto del uso de la biotecnología en las distintasáreas: "En salud humana se puede hacer ensayos de laboratorios con dosisprecisas y obtener resultados que se puede aplicar a un amplio espectro de lasociedad. Pero en alimentos transgénicos esas pruebas no se pueden realizar,porque no tenemos dosis de aplicación. Por ejemplo, alquien sabe cuánto tomateconsume un niño o un adulto, para aplicarlo en un laboratorio y realizarensayos", se preguntó.

Puntos de vista

Si bien la controversia entre la posición de los Estados Unidos y Europasobre el futuro de la biotecnología se mantiene abierta, comienza a advertirseque los europeos ya no tienen criterios uniformes en su discurso. Esto fuepalpable en la intervención de los tres representantes que disertaron en elpanel sobre la visión europea y norteamericana respecto de la bioseguridad envariedades transgénicas.

En ese sentido, Francesco Di Castri, profesor de la Universidad deMontpellier (Franc

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