La desocupación en el campo y en el sector agroalimentario

25deAgostode2000a las08:58

Escribe Manuel Alvarado Ledesma (*)

En la primera parte de la década del 90, luego de cincuenta años devigencia, el modelo económico de sustitución de importaciones fue desplazado,de manera más bien abrupta, a partir del ingreso de la Argentina a la economíaglobalizada. La observación de esos años muestra cómo, a medida que fuedesandándose el andamiaje sustitutivo, la tasa de desempleo fueincrementándose fuertemente. En rigor, de los primeros años a los últimos deesa década, a nivel nacional, pasamos de una tasa próxima al 6% a una cercanaal 15%.

Lamentablemente, el agro también fue parte de este proceso de aumento deldesempleo: tanto el campo como la agroindustria participaron activamente deldeterioro laboral, al sufrir una fuerte expulsión de mano de obra.

¿Cómo es posible que una actividad tan dinámica y creciente pueda mostrartal resultado? ¿No debería haber quedado excluida de este fenómeno?

La variable de ajuste

Luego del ascenso y de la caída de la industria amparada (sustitución deimportaciones), las actividades basadas en la explotación de recursos naturalescobraron un renovado impulso en la Argentina de la nueva etapa. La producciónprimaria, la extracción del subsuelo y el procesamiento consecuente demostraronuna dinámica envidiable. En rigor, ellos fueron un componente crucial deldespertar exportador y del crecimiento económico devenido de la aperturaeconómica. Entonces, cómo es posible que en el sector agroindustrial tambiénse diera tal aumento del desempleo. La respuesta central se encuentra en eltratamiento diferente que reciben los costos de bienes comercializables con elexterior ("transables") con aquellos no relacionados con el exterior("no transables"). Mientras los primeros se ven favorecidos, lossegundos (unos más, otros menos) quedan afuera del nuevo sistema. Y uno de los"no transables" más gravitantes es, justamente, el trabajo.

La apertura económica permite una incorporación de alta tecnología através del ingreso de bienes de capital de última generación, como maquinariaelectrónica, agrícola e industrial, que compite ventajosamente con relaciónal trabajo. En rigor, hoy la tecnología competidora del trabajo tiene preciosglobalizados, mientras que el trabajo permanece con valores no globalizados, locual hace que se demande más la primera que el segundo. Por ello, el trabajo esla gran variable de ajuste de las incoherencias.

Así, mientras en bienes de capital los precios están acordes con el nivelinternacional, el salario argentino es uno de los más elevados de los paísesemergentes, en términos de dólar, a lo que se agrega el sobrecosto que paga elempleador (que llega a casi a un 50% de lo percibido por el empleado).

El problema se agrava

Los resultados de esta inconsistencia están hoy a la vista. Un parque demaquinarias de alto nivel con menos de cuatro años de edad promedio, junto auna tasa de desempleo que viene superando sistemáticamente el 14%.

Así, el sector agroindustrial comparte hoy un nivel tecnológico máscercano al de países avanzados (merced a la fuerte inversión realizada en ladécada), con un coeficiente de ocupación de mano de obra propia de nacionesretrasadas.

Para peor, al haber tal estructura de costos relativos, la inversiónnaturalmente fluye hacia actividades de menor requerimiento laboral, agravandoel deterioro mencionado.

A su vez, el problema no sólo abarca la expulsión de empleados, sinotambién de empleadores, al menos de los más pequeños. ¿Cómo es esto? Puesbien, en el campo, la nueva dotación tecnológica no sólo reemplaza mano deobra, sino que, al hacer menos competitivas las pequeñas explotaciones que nopueden acceder a ella, expulsa a los empresarios chicos de la actividad. En talcontexto, el área rural tiende a la desertificación. Y no se trata de unacuestión coyu

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