Actitud frente a la adversidad: No caer en la desesperación

17deNoviembrede2000a las13:50

Argentino Riva y Gustavo Savigliano, dos miembros del CREA Cañada Seca,tuvieron que afrontar los desafíos de una inundación. Más allá del tragoamargo de esa situación, descubrieron que siempre es fundamental mantener unaactitud positiva para enfrentar la adversidad.

Acostumbrados a vivir entre los caprichos del clima y el arduo control sobrelos números de la empresa, los productores conocen muy bien la tesis de que losproblemas son, efectivamente, un conjunto de obstáculos. No obstante, son pocoslos que, frente a las más diversas dificultades, saben cómo actuar para nosucumbir en la desesperación.

Pese a que los problemas puedan responder a una cuestión coyuntural oestructural, la actitud del empresario siempre debe ser la misma: considerar quelas crisis son una buena oportunidad para volver a planificar el negocio de laproducción.

Las experiencias vividas por Argentino Riva y Gustavo Savigliano, miembrosdel CREA Cañada Seca, son claros ejemplos de productores que sufrierondificultades. Pero también configuran un ejemplo de que, frente a losproblemas, es inútil asumir una actitud pesimista.

Ambos productores fueron víctimas de un mismo problema: una inundación que,de una manera abrupta, se abatió en 1997 sobre sus campos. Además del dañosobre las empresas, el agua los afectó como personas.

Crecer desde abajo

Argentino Riva es un hombre que tiene más de 40 años de trabajo en elcampo. Su historia es, fundamentalmente, la de un contratista rural que se hizodesde abajo.

"Cuando en 1957 tenía apenas 23 años, compré mi primera máquina einicié mis actividades como contratista rural, aunque desde chico conocía loscampos de la zona. Después me casé y empecé una nueva etapa con mimujer", comentó en el congreso de los CREA de la zona Centro desarrolladoen Tanti (Córdoba).

A partir de 1962 alquiló una fracción de campo. Sin embargo, no abandonósus herramientas y continuó como contratista rural. Un trabajo que, segúnexplicó, le permitió conocer amigos y aumentar su horizonte profesional.

En 1964 logró el sueño de cualquier contratista: comprar una fracción decampo. Entre 1966 y 1969 afrontó el desafío de una fuerte sequía zonal-"algo que fue terrorífico, pero que sirvió para ser especialistas enesta adversidad", según subrayó- y comenzó a trabajar a granel con sucosechadora.
Si bien entre 1970 y 1980 su empresa no registró cambios importantes, sí losexperimentó su persona, porque durante esos años tuvo la satisfacción delnacimiento de sus dos hijas. Un acontecimiento que marcó una etapa relevante ensu vida.

En 1980 su familia fue víctima de un serio problema de salud. "En 1981tuve que vender, para poner un poco de orden en las cuentas, unas 100hectáreas. De todos modos, continué creciendo en el alquiler de campos, ya queincorporé otras 300 hectáreas", agregó el contratista. También recordóque entre 1982 y 1984 tuvo muy buenas cosechas de sorgo.

Cuando en 1985 se transformó en empresario y ocupó a un encargado deequipos, Riva siguió en una misma línea de crecimiento. Además, la posteriorformación del CREA, en 1988, le dio otra razón para mejorar el perfil de suempresa.

"Desde el CREA pusimos todas las cosas en su lugar y comenzamos acrecer. Sabíamos que estábamos más tranquilos con el apoyo del grupo",enfatizó. Entre 1990 y 1997 afrontó años de mucha actividad: compró las 300hectáreas que arrendaba, inició un emprendimiento conjunto con el productorGustavo Savigliano, alquiló otras 500 hectáreas y, junto con otros conocidos,adquirió acciones de una cerealera. En 1992 se inició en la práctica de lasiembra directa.

Un golpe a los sueños

Pero en 1997/98 comenzaron los problemas. Sin piedad, el agua inundó sucampo y sus sueños. "No estábamos preparados para la inundación",fue la explicación simple que Riva

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