La devastación de la pampa húmeda
No vacilarían en disponer la realización de algún plan hídricointegral.
Pero como cualquier plan de esta naturaleza demanda bastante tiempo, más delperíodo que fija la Constitución, los gobiernos son renuentes a promover obrasque excedan ese lapso.
Entonces, todo se limita a realizar obras, todas ellas desagregadas, quesólo sirven —en algunos casos— para atenuar los efectos de aquellacatástrofe.
Así tenemos entonces, inundaciones recurrentes que producen devastacionesseveras. Destruyen cultivos, impiden realizar otros, afectan la actividad delcomercio y de la industria, aislan poblaciones y ciudades y provocan, incluso,mayor desocupación en aquellas localidades que tanto dependen del sectoragropecuario.
En esta cuestión, por lo tanto, hay una desidia generalizada tanto de losgobiernos nacionales y provinciales que han sido testigos de los gravesproblemas que causan los desbordes de ríos y lagunas por lluvias que excedenlos registros anuales o se concentran en muy poco tiempo.
Alrededor de 2 millones de hectáreas están anegadas en el noroestebonaerense sobre un total de 4,5 millones.
