Hace falta un sistema de premios y castigos

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10deEnerode2001a las08:54

Columnista de Ambito Financiero

Mario Raiteri asumió recientemente como presidente de Coninagro. Representaa la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y se define como un productormediano. Acusa 400 hectáreas propias y 2.000 ha de campos alquilados dondesiembra trigo, girasol, maíz, soja, papa y hace ganadería. También administramás de 3.000 hectáreas de terceros y dice que «las cooperativas son casi lasúnicas empresas que quedan de capital nacional». «En el cooperativismoencontré las soluciones tranqueras afuera», dice ante Ambito Financiero.«Hoy, hacer plantas de silos en campos arrendados es muy difícil, pero conasociativismo es diferente. Las formas asociativas nos permiten llevarle mayorvalor agregado al productor porque nuestras federaciones tienen toda la cadena ypermiten al empresario acceder a mejores precios.»

«Se han caído cooperativas porque se han caído muchas empresas peque-ñasy medianas. La cooperativa está hecha para producir, bajar costos,comercializar pero no está para financiar. Y, muchas veces, las cooperativashan tenido que suplantar la falta de crédito.» «Nosotros no vaciamos lasempresas... morimos con las empresas», dice Raiteri a través de un diálogoextenso con este diario.

Periodista: ¿Cuál fue el resultado del año 2000?

Mario Raiteri: La situación fue explicada en el informe que se hizo enAgricultura, con un pronóstico de lo que atraviesa el sector. Con las nuevasautoridades había dos expectativas: la refinanciación de los pasivos y larecuperación de la rentabilidad del sector. Para decir una mala y una buena, enrefinanciación se cumplieron las aspiraciones del sector aunque hay detallespara ajustar como si la existencia de dinero en determinado momento o lospedidos de prórroga. Tuvimos altibajos que nos llevaron a la medida de protestaporque se habían roto las relaciones con el gobierno. Ahora mejoraron porquehubo mejor predisposición para escucharnos desde Economía. Pero lo malo es queno ha habido absolutamente nada a favor de la rentabilidad. Tiempo y esfuerzoque invertimos sin resultado.

P.: ¿Entonces?

M.R.: Se habla de impuestos distorsivos que no hacen al todo... Hay problemasmás grandes, más profundos.

Para hacer políticas agropecuarias se necesitan una política fiscal que nola determinamos nosotros sino los acreedores; una política crediticia donde yase han agotado las instancias ante las entidades que nos pueden apoyar. Loscréditos nuevos no pueden ser tomados hasta que no se recalifica al deudor...

y lo más grave, la política monetaria. Hemos renunciado a la moneda yestamos metidos en un atraso cambiario... Sé que esto es muy delicado paradecirlo porque muchos se ponen nerviosos. No es hablar de devaluación. Losprecios internacionales son un riesgo empresario y no podemos quejarnos. Sabemosque si Francia decide ayudar a sus productores para mantener el paisaje, lo va aseguir haciendo. Y en la Argentina, las autoridades deberían copiar lo queotros países hacen... Si bien hay imposibilidad de asistir a los productoresporque no hay recursos, los economistas deberán analizar en profundidad cómose sale de la trampa del tipo de cambio. No es un pedido de devaluación peronecesitamos partidas presupuestarias para que pueda haber refuerzos para elsector.

P.: ¿Cuando dice que la Argentina debería tener algún apoyo para sectorcomo lo hace Francia, está hablando de subsidiar al campo?

M.R.: No es una mala palabra subsidiar al campo. Pero nosotros no pedimos unsubsidio. Si el campo es perjudicado por la presión impositiva, generada porquehay un exceso de gasto público, y por otro lado estamos con un retrasocambiario... en alguna medida nos tienen que retribuir todo eso. Si se quierellamar subsidio a destinar una partida en el presupuesto para aumentarreembolsos, llamémoslo

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