Certificado de defunción para el gasoil agropecuario

Por
29deEnerode2001a las08:38

Podríamos hablar de la crónica de una muerte anunciada. Finalmente, elgobierno parece que extendió el certificado de defunción al llamado «gasoilagropecuario».

El jueves, dirigentes de entidades del agro se reunieron con la titular deEnergía, Débora Giorgi, y señalaron, al término del encuentro, que elgobierno «prácticamente desechó» ese combustible que fue lanzado al mercadocomo un supuesto paliativo para el campo.

Recordemos que el anuncio lo formuló oportunamente el presidente Fernando dela Rúa en la muestra de Palermo de 2000. Posteriormente se inició toda unacampaña para promover su uso haciendo eje en precio y calidad.

El gasoil «verde» salió a la venta a 38 centavos pero hacia diciembrepasado había aumentado alrededor de un 13 por ciento. En cuanto a la calidad,hubo muchas objeciones de parte de los mismos productores.

El dirigente de la Federación Agraria Víctor Gasparini también señalóque la distribución del combustible no había sido satisfactoria. Muy pocasbocas de expendio fueron habilitadas en todo el país por parte de la empresaRepsol/YPF, que lanzó ese gasoil al mercado.

En consecuencia, este abrupto final para esta variedad de gasoil señala unfracaso respecto de la política del gobierno hacia uno de los insumosfundamentales del agro.

El problema vinculado con el gasoil no es nuevo, pero evidentemente lasolución propuesta no fue imaginativa.

En varias oportunidades se propuso suprimir el ITC que en el caso del gasoiles de 12 centavos.

El campo utiliza anualmente unos 4.500 millones de litros de gasoil. Por esegravamen, el Estado percibe unos 540 millones de pesos. Ahora bien, si sequitara esa suma el valor del gasoil se reduciría sensiblemente de los 49/52centavos por litro actuales y los productores seguramente obtendrían una mejoraen su rentabilidad, hoy muy acotada por una elevada presión tributaria y otroscostos internos verdaderamente asfixiantes.

Ahora, parece que el gobierno alentaría el uso del biodiesel, un productogenerado a partir del aceite de oleaginosas como la soja y el girasol.

Si bien Economía parece que se comprometió a no aplicar el ITC al mismo, nosería difícil suponer que luego podría entusiasmarse con la idea e imponer,finalmente, el tributo a ese combustible.

En tanto, mientras el subsecretario Jorge Cazenave está de gira por Europapromocionando las carnes argentinas, aquí se habla de su eventual reemplazo porEduardo Manciana, un técnico ligado a Chrystian Colombo.

La sustitución de uno por otro habría contado con el visto bueno de RaúlAlfonsín. Semejantes desprolijidades se pagan en el exterior.

¿De qué modo será recibido un funcionario a quien en su país de origen lodan por reemplazado? ¿No hubiera sido mucho más atinado esperar que vuelva yluego producir el cambio? ¿Es tan urgente producir la remoción?

Como sucede en estos casos, nadie en Agricultura se hace cargo de esteepisodio que, independientemente de la evaluación que se pueda hacer de lagestión de Cazenave, resulta francamente irritante. En un país con un sectoragropecuario tan importante, la Secretaría de Agricultura tiene un rol cada vezmás deslucido.

No hay políticas, no existen líneas de acción que constituyan un programarazonablemente orientado hacia la resolución de los problemas de losproductores.

Es inadmisible que esto ocurra en momentos en que el gobierno clama por unareactivación de la economía. (NA)

Temas en esta nota

    Cargando...