La eterna lucha entre la realidad y la política
Radical de la primera hora, hombre sin estridencias y amigo del diálogo,Berhongaray enfrenta su prueba más difícil
Basta observar su aire melancólico y la impasibilidad de sus rasgos facialespara darnos cuenta de que nos encontramos ante un pariente espiritual delpresidente De la Rúa.
Este político -que en algún momento recibió amenazas por sus denunciassobre compra de guardapolvos- es de una serenidad (para algunos desesperante)que recuerda la de los paisajes de La Pampa, su provincia natal. Es radicaldesde antes de empezar la escuela primaria. Alem, Yrigoyen y Alfonsín son losnombres que, según algunos de sus íntimos, lleva más adentro en el corazón.Aparte de su único hijo, a quien, según dicen, quiere con veneración.
Si la vida es una obra de teatro, es palmario que el director de ella (Dios oquien fuere) le ha encomendado el papel del personaje reservado y enigmáticoque si altera el curso de los acontecimientos no es por lo que surja en suslíneas de diálogo.
