Población mundial vs. hambre

28deMayode2001a las08:12
Escribe Norma Formento (*)La población mundial crece con un ritmo aproximado de 90 millones de habitantes por año y será necesario, cada doce meses, un promedio de 26 millones de toneladas más de cereales para la demanda creciente de alimentos. Existen dos formas específicas de aumentar la oferta de alimentos: incrementar la superficie destinada a cultivos y elevar la productividad de los mismos. Las denominadas áreas agroecológicas aptas para la obtención de altos rendimientos en el mundo han sido totalmente ocupadas y, en mucho casos, empobrecidas por un proceso de agriculturización, donde la rentabilidad inmediata constituye lógicamente la única finalidad, sin considerar al menos que el horizonte superior de los suelos que la naturaleza tarda 100 años en formar, puede ser destruida en pocos minutos.Las generaciones futuras verán con asombro cómo las tierras llamadas productivas dejan paso, lenta pero sostenidamente, a las industrias o espacios verdes recreativos. De los 2.300 m2 de superficie con cereales por persona en 1950, se disminuyó a 1.200 m2 en 1997 y para los próximos 30 años se puede suponer que lo que necesariamente debe consumir un ser humano sólo se obtendrá de 800 m2.La incorporación de áreas marginales inadecuadas para los cultivos lleva indefectiblemente a la deforestación o desmonte irracional con la consecuente ruptura del equilibrio ecológico que trae aparejado una creciente contaminación del planeta, inundaciones, aumento de la temperatura o calentamiento de la Tierra, el efecto "invernadero", el incremento del diámetro del agujero de ozono, etc. Además, lo más preocupante es la escasa producción de granos en esas áreas, por causas estrictamente biológicas y medioambientales, coadyuvadas por la aparición de plagas y enfermedades no tradicionales causadas por organismos perjudiciales, que aumentan desproporcionalmente sus poblaciones haciéndose limitantes para la obtención de rendimientos apropiados.La segunda opción es producir más y mejor, obtener más granos en la superficie destinada a la agricultura, lo que se logra incorporando tecnologías racionales y manejando en forma integrada las adversidades de origen biótico como las plagas, malezas y enfermedades. Esto se ha conseguido en países como la Argentina donde la producción de cereales y oleaginosos creció un 103 %, sólo incrementando en un 17 % la superficie sembrada incorporando en pocos años más de 9 millones de hectáreas con siembra directa o labranza cero, con el uso racional de agroquímicos y en muchos casos, el suplemento vital del agua a través del riego.Se considera que más de 600 millones de personas padecen hambre y que 1.500 millones están escasa o mal alimentadas y esto resulta inevitable en Asia, Africa y América Latina. Los países denominados del "primer mundo" o industrializados han sufrido catástrofes de hambre, basta recordar la "hambruna" en Irlanda donde un hongo que afectó los cultivos de papa, provocó la muerte de 250.000 personas y permitió una concientización de la importancia de la investigación agropecuaria y la posterior incorporación de los resultados a las empresas productoras de materias primas para la elaboración de alimentos esenciales, ya que un tercio de las cosechas se pierde por falta de prevención.Como expresara hace varios años atrás el Premio Nobel de Química 1962, Maximiliano Perutz, la vida depende de los efectos beneficiosos de la utilización de los productos químicos (fertilizantes, herbicidas, insecticidas y fungicidas) que no dañan al hombre y al planeta si son utilizados cuidadosamente y en forma responsable, pero es frecuente que sólo se mencionen sus peligros potenciales o su amenaza de aumentar la polución en el planeta. Las tecnologías modernas incorporadas a los cultivos son una importante contribución para mejorar la situación mundial de la alimentación, ya que éstos constituyen el 97 % de toda la producción alimenticia del mundo