El desafío es generar una estrategia agroexportadora

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27deSeptiembrede2002a las08:26

“Ningún país progresó cerrando su economía. Por eso es necesario que se programe una eliminación gradual de las retenciones a las exportaciones y que se normalicen las devoluciones del IVA a los exportadores. En definitiva, reglas de juego estables e instituciones creíbles”. La frase, dicha esta semana, pertenece a Julio Nogués, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y asesor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, durante la reunión anual de IDEA que se está llevando a cabo está semana en Mendoza.

Tanto él como Juan Llach reclamaron una estrategia exportadora. Señalaron que la devaluación del peso –que ya acumula un 72 por ciento en el año– resultó insuficiente para aumentar el ingreso de dólares en la Argentina. Proponen una reducción de la protección aduanera, un régimen cambiario estable (hay divergencias entre defensores y detractores de la flotación), restricciones a los movimientos de capitales de corto plazo, promoción gubernamental a la exportación y una política impositiva perdurable y clara sobre los envíos al exterior.

Los cambios demográficos que se esperan en el mundo para la próxima década, exigen que nuestro país –proveedor natural de agroalimentos– se esfuerce al máximo, y dedique toda su inteligencia estratégica para poder satisfacer una demanda en aumento.

Las proyecciones indican que en 10 años la población mundial llegará a 7.000 millones de habitantes. Más allá del aumento, es muy importante tener en cuenta que la población urbana se duplica y alcanzará los 4.000 millones de habitantes. En esta década, también, la demanda mundial por cereales y oleaginosas va a crecer un 17 por ciento, con un aumento de 300 millones de toneladas, que se sumarán a las 1.750 millones que ya se producen hoy. En resumen: Argentina debería aumentar sus exportaciones de granos y subproductos en 20 millones de toneladas.

Modelo

Pero: ¿existe un proyecto a largo plazo para el país y para el campo? Desde hace unos días, se empiezan a escuchar reclamos sectoriales en este sentido. Sin embargo es necesario que se recree una nueva cultura agroexportadora, que en definitiva será una de las principales herramientas que le permitirán al país salir adelante y prosperar.

Este planteo, que recién está comenzando a esbozarse, ya se lo hicieron otros países agropecuarios cuando atravesaron las peores crisis de su historia. Es el caso de Australia y Nueva Zelanda. En un debate organizado por la Universidad Católica Argentina (UCA) y el Centro Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), el embajador neocelandés en la Argentina, Carl Worker, explicó que a principios del siglo 20 su país era netamente agropecuario que vivía de las exportaciones de carne, lana y leche a Gran Bretaña.

“Creíamos que siempre íbamos a ser ricos. Con ese principio, comenzamos a desarrollar una industria, a la que hubo que mantener a costa del campo, y que nunca fue eficiente ni competitiva. El sistema estalló con la crisis del 70, que afectó seriamente a la economía interna. Sufrimos un shock, que nos hizo replantearnos qué país queríamos”, explicó.

Australia no se quedó atrás. Sharyn Minham, embajadora en Argentina, explicó que la transformación más importante que sufrió su país fue la de poder generar a nivel masivo una cultura exportadora.

Contra esta cultura agropecuaria y exportadora compiten los productos argentinos que queremos exportar. Con la diferencia que –aún– no existe en el país un proyecto agro exportador. Algo que el sector privado y la dirigencia argentina debería elaborar independientemente de la transición política.

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