Recomiendan la exportación de alimentos con valor agregado

10deOctubrede2002a las08:19

Los argentinos suelen indignarse al comparar la profunda crisis del país con sus numerosas riquezas naturales. Tampoco pueden creer que dos millones de argentinos pasen hambre en la tierra de los granos y las vacas. En el resto del mundo también se sorprenden.

Sin embargo, "para salir de la crisis no basta con ser el granero del mundo", aducen los docentes Jorge Chirife, miembro de la Academia Internacional de Ciencias de la Tecnología de la Alimentación, y Hernán Marini. En un reciente trabajo de investigación, ambos profesores de la Universidad Católica Argentina (UCA) reclaman una "revolución alimentaria", es decir, que el país deje de exportar tantos commodities (materias primas) y se concentre en la venta de alimentos diferenciados, con marketing. Consideran que así el complejo agroalimentario podrá contribuir con la recuperación de la economía argentina, necesitada de las divisas provenientes de la exportación.

Entre 1994 y 2000, las exportaciones de alimentos apenas crecieron y se mantuvieron en un promedio de US$ 11.500 millones. Si en 1994 las ventas externas del sector representaban casi el 55% del total de las de la Argentina, en 2000 sólo representaron el 40 por ciento. "Si exportar es parte de la dinámica de crecer, el sector alimentos en los últimos años no se ha destacado", señala el informe de ambos especialistas.

Los profesores de ciencias agrarias advierten también que el 71% de los envíos del sector al exterior son commodities y cuasi-commodities (harinas y aceites). Los grandes compradores de estos productos los utilizan como insumos para la elaboración de alimentos con mayor valor agregado. El informe recuerda que, de los US$ 906 millones de aceite de soja exportados en 2000, sólo el 3,2% fue refinado.

La Argentina se ha ganado el mote de granero del mundo por sus primeros lugares en exportación de productos con poco valor agregado: es primera en aceite y harina de girasol, aceite de soja, miel, peras frescas, jugo concentrado de limón y de uva; es segunda en harina de soja y sorgo granífero; tercera en jugo concentrado de manzana; cuarta en carne bovina y manzana fresca y quinta en trigo y harina de trigo.

"Los precios de exportación de los alimentos en los cuales la Argentina ocupa un lugar de relevancia en el contexto internacional son de bajo valor agregado", advierten los analistas (ver cuadro). Los cereales y las oleaginosas costaban en 2000 menos que US$ 400 por tonelada.

En cambio, los alimentos exportados con mayor precio cuentan con una baja participación en el comercio mundial. Por ejemplo, las exportaciones argentinas de carnes procesadas representan el 1,3% de las mundiales, mientras que el valor de su tonelada asciende a US$ 2770. Algo similar sucede con los envíos argentinos de filet de merluza congelado, que suponen el 1,6% de los totales, pese a que cada tonelada cuesta 1800 dólares.

Chirife y Marini recomiendan agregar un valor simbólico a los productos argentinos. "Sólo los cortes de carne de la cuota Hilton (enviados a la UE) han alcanzado ese valor simbólico en el nivel internacional", alegan. "No debemos aspirar a seguir siendo el granero del mundo, sino el supermercado del mundo."

"Eso es lo que tenemos que hacer", admite el presidente de la Coordinadora de Industrias de Productos de la Alimentación, Alberto Alvarez Gaiani. El dirigente opina que el Estado debe sentar una política en ese sentido, mientras que el sector privado debería analizar qué materias primas precisa la industria.

El titular de la Sociedad Rural Argentino, Luciano Miguens, coincidió con el informe. Pero alertó contra subsidios a la industria que perjudiquen a productores primarios y citó el caso del cuero.

De la Redacción de LA NACION

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