Se aleja el tren de la riqueza

11deOctubrede2002a las08:25

Por Guillermo M. Yeatts

Durante los últimos cinco mil años, la humanidad ha experimentado tres revoluciones que modificaron sustancialmente la relación del hombre con su entorno. La primera fue el descubrimiento del arado, que permitió la transformación de economías de subsistencia en economías agrícolas. En segundo lugar, la Revolución Industrial introdujo la especialización y la producción en serie en los procesos productivos. Actualmente somos testigos de la tercera revolución: la de la industria del conocimiento, iniciada hace dos décadas.

Los beneficios de cada una de estas revoluciones no se generaron de manera uniforme en todo el mundo y el incremento selectivo de la productividad amplió la brecha entre los países más ricos y los más pobres. Esta diferencia, que en 1750 era sólo de cinco veces, llegó a más de cien veces hacia 1850, a 390 veces en 2000, y se prevé que para 2003 llegue a la asombrosa cifra de 1000 veces.

Las reglas del juego

Pero ¿es casual esta diferenciación entre sociedades crecientemente ricas y otras cada vez más pobres? La contracara necesaria de toda revolución tecnológica es sin duda la evolución hacia reglas de juego que generen comportamientos que favorezcan la libertad, promuevan la innovación y aseguren el goce del fruto del esfuerzo. Douglass North, Premio Nobel de Economía de 1993, define las instituciones como las "reglas de juego formales e informales" predominantes en una sociedad. Son estas reglas de juego las que establecen la estructura de incentivos que determina la eficiencia o no de la organización de las sociedades.

En consecuencia, difícilmente países absolutistas como España o Francia podrían haber originado un proceso dinámico y competitivo como la Revolución Industrial. Esta revolución nació en Inglaterra y los Países Bajos, países que hacia fines de la Edad Media habían logrado limitar fuertemente el poder del soberano, y donde prevalecía una fuerte protección de los derechos de propiedad privada.

Revolución Tecnológica

En la última gran revolución hemos visto la introducción de la computación, del software , de Internet y las empresas punto com. Sin duda, los Estados Unidos son a la Revolución Tecnológica lo que Inglaterra y los Países Bajos fueron a la Revolución Industrial. Un claro indicador de la magnitud de esta revolución es el hecho de que una sola empresa, Microsoft, que nació en 1970, tiene un valor de 592.000 millones de dólares, diez veces el valor de las exportaciones de Brasil o cinco veces las de México, con la única diferencia de que, mientras en Microsoft trabajan 33.000 empleados, en Brasil y México sumados habitan 272 millones de habitantes.

Sólo un ambiente de alta protección de la propiedad privada (tanto en términos materiales como de ideas), competencia dinámica y apertura económica podría haber dado a luz a esta nueva revolución. A modo se ejemplo baste mencionar el caso del legendario Silicon Valley (San José, California), considerado la cuna de la Revolución Tecnológica, donde la nacionalidad de los empleados que tienen doctorados en ciencias se divide en 50 por ciento para la India, 40 para China y 8 por ciento para Estados Unidos.

Esa proporción puede resultar una paradoja teniendo en cuenta que en la India sólo se registra una patente cada 11 millones de habitantes por año, mientras que en los Estados Unidos se registra una cada 3000. Pero esto también se entiende si se considera, por ejemplo, que en la India la Ley de Telégrafos, de 1888 y todavía vigente, no permite generar utilidades en el sector de telecomunicaciones.

Industria del conocimiento

La riqueza de las naciones está cada vez más ligada al conocimiento y no a los recursos naturales. Actualmente

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