Proteccionismo: historia de una vaca europea y otra japonesa

Por
16deOctubrede2002a las08:17

La mejora al acceso a los mercados de los países desarrollados es una vieja aspiración de los países menos desarrollados. Según el Banco Mundial, los subsidios totales en los países ricos llegan a 1.000 millones de dólares al día y las subvenciones a la agricultura se elevaron a 311.000 millones de dólares en 2001.

“Una vaca europea recibe un subsidio de 2,5 dólares al día; y una japonesa 7 dólares“, afirmó gráficamente Stern.

Los beneficiarios de dichas subvenciones suelen ser grandes corporaciones agroindustriales que reciben mayores ayudas a medida que aumentan la producción, lo que contribuye a un exceso de producción que entra en competencia en los mercados internacionales con los productos de los países pobres, deprimiendo los precios de los productos.

Miel argentina

Uno de los casos conocidos de nuevo proteccionismo que mencionó Stern es la aplicación de tarifas antidumping por EE.UU. a los productores argentinos de miel. Otro caso notable es el del algodón brasileño. Brasil ha presentado una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por los subsidios que Estados Unidos paga a sus productores que se elevan a 3.900 millones de dólares anuales.

Argentina y Brasil también anunciaron una alianza para denunciar ante la OMC el aumento de los subsidios agrícolas que incrementa las ayudas en 31.000 millones de dólares hasta el 2007.

La nueva política proteccionista iniciada por EE.UU. ha tenido un pico de tensión con la llamada guerra del acero cuando Washington decidió incrementar, a partir de marzo pasado, entre un 8% y un 30 % los aranceles que gravan las importaciones de acero para dar un empujón a su industria en crisis.

¿Por qué los países ricos siguen adoptando estas medidas proteccionistas al mismo tiempo que insisten tanto en la liberalización comercial de los países subdesarrollados?

Para el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, la respuesta es sencillamente la hipocresía de los países industrializados, que han venido predicando —y en ocasiones forzando— la apertura de los mercados de los países subdesarrollados para sus productos industriales, pero siguen con sus mercados cerrados ante los productos de esos países menos desarrollados como los textiles y la agricultura.

Para Stiglitz los países subdesarrollados deben aprender de los desarrollados. Es verdad que el proteccionismo generalizado a menudo no ha funcionado, pero tampoco lo ha hecho una rápida liberalización.

Forzar a los países subdesarrollados a abrirse a los productos importados que compiten con la industria nacional de esos países puede tener consecuencias desastrosas, sociales y económicas, afirma Stiglitz.

Los países subdesarrollados son como minúsculos botes y soltarlos a navegar en un mar embravecido es favorecer la posibilidad de que terminen zozobrando al ser golpeados por una gran ola. Una inmensa ola que algunos llaman globalización.

Temas en esta nota