Uno de los pilares de la Nueva Argentina

28deOctubrede2002a las08:23

 

Estamos insistiendo en la "Nueva Argentina", porque es evidente que luego de la contienda electoral, el nuevo presidente iniciará un continuado proceso de reconstrucción y cambio, con gran esperanza, basado éste en los lineamientos que se han ido conociendo a través de su programa de gobierno.

Como ya se ha consignado con anterioridad, lo que constituye una realidad positiva, el agro en el país representa uno de los sectores que presenta, tanto cualitativa como cuantitativamente, una de las mayores perspectivas de crecimiento en los próximos años.

Hay indicadores que accionan a modo de "límites de borde" positivo, como la mejora progresiva de los precios internacionales, en granos y en carne; el incremento cuantitativo de algunos cultivos clave, como la soja y el maíz; la recuperación de la producción de carnes rojas a través de la implantación de pasturas intensivas regadas y diversificadas para extender la línea ganadera en todo su espectro; y la combinación semilla híbrida o certificada - uso apropiado de agroquímicos y fitosanitarios - la aplicación de la tecnología del riego y otras técnicas efectivas conservadoras del recurso.

Y es aquí donde debemos hacer justicia y reconocimiento, en primer lugar, hacia una de las instituciones que han contribuido en gran medida, y lo seguirán haciendo, para poder alcanzar las metas propuestas. Nos referimos al INTA, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, verdadero motor de las innovaciones y aplicaciones tecnológicas más eficientes y positivas.

Numerosos programas a nivel nacional apoyan todos estos hechos. Sin ir más lejos, el sencillo programa Pro Huerta constituye una notable herramienta en los difíciles tiempos actuales. En la Patagonia, esta institución mantiene la esperanza y está siempre presente.

Pero muchos y variados han sido los avatares por los que ha transitado el INTA en estos últimos 30 años, y es evidente que su soporte económico actual resulta insuficiente.

Por ello, debemos meditar y considerar el modo de devolver a este organismo clave la autonomía que le permita obrar en consecuencia y concordancia con sus exitosos planes. Ello debe ser una realidad.

Y en razón de este quehacer continuado y fecundo, hoy puede afirmarse también que constituye una realidad que tanto la producción directa agraria como la actividad agroindustrial paralela no tienen techo y les cabe la posibilidad de crecer y desarrollarse en el futuro, aun inmediato.

Hace un tiempo pensábamos que el kilo vivo de novillo en feria podría alcanzar el tope de los dos pesos. Pero hoy somos aún más optimistas, ya que se ha superado en poco tiempo esta barrera para ubicarse, por ejemplo, con los lotes de 440 kilos arriba a un precio unitario sobre dicho valor, y así, para el kilaje preferido de 420/440 kilos, a 2,15 pesos.

Se trata, efectivamente, de niveles muy llamativos y, lo que es más efectivo, con ágil y rápida definición, que se extendió a las unidades ubicadas no sólo entre los 440/460 kilos, sino también en las de mayor peso unitario. Hubo así ya en feria novillos que fluctuaron entre los mil y los 1.200 pesos la unidad. Nada más promisorio.

Pero los valores sin techo y con crecimiento también se hicieron presentes en maíz, soja y cereales. El primero de ellos, sobre todo, presenta un excelente futuro en ambos aspectos, cuantitativo y cualitativo, es decir, en los tres topes: precio, calidad y rendimiento. Puede aceptarse, por todo ello, que estamos frente a un sólido crecimiento de la demanda mundial, que presumiblemente se mantendrá en el tiempo, lo que podría asumirse que representa una excelente oportunidad para el futuro.

Aun la cenicienta de todos los días, el trigo, enfrenta un panorama positivo en el mundo que, de comprenderlo y responder así a sus exigencias, nos permitirá también remontarnos ventajosamente en la liquidación de s

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