Dicen que están cerrando cuatro tambos por día

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22deNoviembrede2002a las08:10

Matías Longoni. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Y oficialmente ya se admite que la Argentina podría llegar a tener que importar el alimento en el primer semestre del año próximo.

Fuentes oficiales confiaron a Clarín una estimación que preocupa: a fin de año unos 1.500 establecimientos lecheros —cerca del 10% del total— habrían abandonado la actividad como consecuencia de la crisis. Es decir que vienen desapareciendo 4 tambos por día, en promedio. Esos productores generalmente se están reconvirtiendo hacia la siembra de soja o algún otro cultivo, una alternativa que les ofrece la rentabilidad que hoy no tienen.

En la Secretaría de Agricultura, frente a estos datos, descuentan que la producción de leche fluida caerá 15% respecto de 2001, hasta unos 8.000 millones de litros. La situación de abastecimiento ya sería grave de no ser porque el consumo interno de productos lácteos, debido a la crisis, se desplomó en lo que va del año de 220 a 170 litros anuales por habitante. Esa fuerte caída de las ventas internas fue compensada en parte por la exportación de lácteos, que favorecidas por la devaluación crecieron casi 45% en volumen respecto del año pasado.

El ministro de la Producción, Aníbal Fernández, admitió que si este proceso no se detiene la Argentina podría verse obligada a importar leche el año próximo. Por esa razón, anunció el lanzamiento de un Plan Nacional de Lechería, una suerte de salvavidas para el sector. Aunque las medidas todavía están en preparación —y dependen del aval de Roberto Lavagna—, se espera que incluya la refinanciación de los 150 millones de pesos que debe el sector a los bancos oficiales, algunos beneficios impositivos y posiblemente una eliminación transitoria de las retenciones actuales del 5%, para favorecer a la exportación.

En el Gobierno existe una preocupación especial por varias razones. Por un lado, la lechería ocupa cuatro veces más mano de obra que la agricultura, y a la vez una caída de la producción de leche podría agravar la situación de la industria láctea, que ya está teniendo capacidad ociosa y también podría comenzar a expulsar trabajadores. Por el otro, porque el cierre de un tambo implica muchas veces que las vacas lecheras sean mandadas a faena, con lo que se pierden años de valioso desarrollo genético.

El caso de la lechería, en este contexto, parecería desmentir la opinión de quie nes, dentro del Gobierno, incurren en la simplificación de que "el campo está mucho mejor gracias a la devaluación". En este caso, como sólo se exporta un 15 o 20% de la producción, los tamberos no sintieron la mejora del tipo de cambio —sus ingresos subieron un 40% desde enero, pero sólo después de una intensa medida de fuerza—, pero sí sufrieron fuertes aumentos de sus costos fijos, muchos de los cuales están dolarizados.

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