Lula, nosotros y el Mercosur

02deDiciembrede2002a las08:17

La visita del presidente Lula a la Argentina no es más que una nueva demostración de que el Mercosur no es una opción, sino un destino. Con esta visión, la Cancillería ha desarrollado una estrategia multipolar de negociaciones comerciales simultáneas con distintos países o regiones para abrir mercados a nuestros productos. De esta forma, se busca aprovechar al máximo el poder de negociación que confiere el espacio regional, lanzándose al mundo desde el Mercosur. Nadie puede desconocer que el bloque regional tiene para el mundo desarrollado un atractivo superior que el de cada uno de sus integrantes.

Con un grado de consenso inédito, que involucra a los sectores público y privado, a la comunidad académica, al Parlamento y a la sociedad civil, hecho que lo convierte en una verdadera política de Estado, el Mercosur absorbe el 30% de nuestras exportaciones y el 58% de nuestras ventas industriales. Además, el 60% del comercio intrazona tiene características de ser intraindustrial, con las ventajas que ello implica en materia de eslabonamientos productivos y de flexibilidad en los costos de ajuste.

No obstante, consciente de la necesidad de fortalecer el Mercosur debilitado a partir de un período de dudas e indefiniciones y por una escalada de medidas restrictivas al comercio intrazona, la Cancillería se abocó este año a reconstruir la relación con los socios. Se buscó recomponer la matriz de intereses comunes para permitir que el Mercosur continuase siendo una política de Estado de carácter permanente en favor del desarrollo de la región.

Así, en estos últimos meses, ha mostrado resultados mediante una estrategia centrada en cuatro vértices principales: el productivo, el institucional, el comercial y el relacionamiento externo con terceros países concretos.

En el primer aspecto, se alcanzó un nuevo Acuerdo Automotor con el Brasil, por el cual se acordaron los términos que regirán el intercambio de productos del sector y se establecieron pautas que fomentarán la complementación industrial de nuestros países. Esto significará que los vehículos y autopartes se integraran de forma recíproca generando un proceso de especialización de modelos.

Con ello esperamos recuperar volúmenes de exportación del orden de los 2.000 millones de dólares anuales, con el consecuente impacto favorable hacia el interior de nuestra economía. Asimismo, se ha puesto en marcha el desarrollo de cadenas productivas regionales que propicien una mayor articulación en base a pautas, que permitan alcanzar un incremento de la competitividad global. A partir de la nueva relación de precios relativos y de la consolidación de los correspondientes sectores productivos regionales será posible incrementar los valores de comercio intraindustrial y lograr un tránsito más armónico de las relaciones productivas y comerciales entre ambos países. Ambas decisiones apuntan a consolidar el bloque en el aspecto microeconómico, una de las falencias que tuvo el bloque en sus once años de existencia.

El frente institucional, uno de los aspectos más relegados de la agenda de la integración, ha tenido un particular impulso durante al año 2002. El Consejo del Mercosur decidió avanzar —a propuesta de la Argentina— en la transformación de la Secretaría Administrativa en una Secretaría Técnica, hecho que afianzará la institucionalización del bloque al encarar sus tareas de acuerdo a una perspectiva común del proceso integración y no individual de cada país. La Secretaría, con sus nuevas funciones, tendrá capacidad para dar apoyo técnico a los órganos del Mercosur, y controlar la consistencia jurídica de las normas emanadas de los foros negociadores, antes de su aprobación por los órganos decisorios.

Pero quizás el mejoramiento del sistema de solución de controversias sea el avance más destacado en el campo institucional. El Protocolo

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