Un nuevo golpe bajo en contra del campo

16deDiciembrede2002a las08:23

Numerosos sectores del agro ya habían expresado su preocupación sobre el tema. Se veían venir otro apriete y quisieron anticiparse a reclamar garantías adicionales sobre la acreditación de las devoluciones del IVA.

En semanas de balances del año y perspectivas para el 2003, desde el campo no sólo resurgen viejos reclamos para los que no se avizoran soluciones inmediatas, sino que ante los cambios gubernamentales que se avecinan, los funcionarios que dejarán sus cargos en pocos meses mantienen el criterio de seguir ajustando los cinturones de aquellos que, de un modo u otro, son los únicos que aportan plata fresca y genuina a las arcas del Tesoro Nacional.

La sorpresa de la semana la dio la AFIP, al introducir modificaciones sustanciales en el comercio granario, precisamente en un momento clave del año próximo para el agro: cuando desembarca en la plaza la cosecha nueva.

EL IVA. El nuevo esquema vuelve a tocar zonas neurálgicas y caras para el sector y el IVA vuelve al escenario para justificar aumentos en sus alícuotas, bajo el argumento de reducir drásticamente la evasión en el comercio sectorial.

Era previsible la reacción de los productores. Rechazaron de cuajo cualquier cambio y pidieron que no se toque nada, y menos con decretos y resoluciones de funcionarios que, en teoría, abandonarán sus cargos en pocos meses.

El caso es que mientras siguen modificándose los guarismos a la hora de dimensionar el volumen final de la zafra 2002/2003, el gobierno vuelve a meter la mano en el bolsillo de la producción primaria agrícola, aún desconociendo si los mercados mundiales seguirán favoreciendo algunas cotizaciones o si la siempre latente “volatilidad” recortará los potenciales ingresos para el sector.

COSECHA. A partir de marzo, con un incremento en el IVA granos del 12 al 18 por ciento, así como la promesa de devoluciones futuras del 9 al 12 por ciento del tributo, empalma con la llegada del grueso de la cosecha nueva a la plaza local, un momento en el cual siempre se deprimen los valores internos, pero que también obliga al chacarero a sacar la mercadería del campo.

No todos cuentan con la infraestructura necesaria para aguantar la cosecha, retener y comercializarla cuando lo necesite.

Nadie, desde el 20 de diciembre del año pasado, puede predecir qué sucederá al día siguiente en la Argentina. Entre tanto, el gobierno se apresta a “embolsar” por otra vía, parte de la venta de lo único que este año no le dio dolores de cabeza: la producción de commodities rurales y en el momento más comprometido de la zafra.

Numerosos sectores del agro ya habían expresado su preocupación sobre el tema. Se veían venir otro apriete y quisieron anticiparse a reclamar garantías adicionales sobre la acreditación de las devoluciones.

No son lelos en ésto y saben que lo que el gobierno quita, difícilmente lo reintegra en tiempo y forma. Ahora, de la noche a la mañana, se encontraron con un régimen modificado que se aplicará a las operaciones de granos no destinados a la siembra, con eje en los granos y el complejo oleaginoso.

INJUSTICIA. Dicho de otro modo, sobre la producción agropecuaria que deja la verdadera plata fuerte al sector y al país. Seguramente, Alberto Abad no seguirá en su cargo después de las presidenciales del 2003, pero también es seguro que dejará su sello para la próxima campaña agrícola, con impuestos más gravosos para el campo, que nadie podrá modificar sino hasta que asuma el nuevo jefe del Estado, hacia diciembre del año próximo, provocando una nueva transferencia injusta de recursos desde el agro hacia el Estado.

Poniendo negro sobre blanco, el actual responsable de la AFIP está comprometiendo la comercialización de dos zafras agrícolas: la que se está terminando de sembrar y la que se proyecta como intención para el período 2003/2004.

Una vez más, y por la

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