La Calidad de nuestros granos

16deDiciembrede2002a las08:19

En la reciente Jornada sobre Calidad de Granos organizada por el INTA en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se pusieron a consideración los aspectos salientes de la demanda de calidad intrínseca de la producción granaria y sus limitantes

La demanda apunta a alimentos sanos, seguros y de buena calidad, con creciente presión sobre indicadores de calidad según el destino de los granos.

El sector privado ha incrementado su participación en la demanda externa. Mientras que en la década del 70 las compras del Estado constituían el 92% del total, éstas se redujeron al año 1997 a sólo el 40%. Algo similar ocurre con la demanda interna, que ha cambiado por la trasnacionalización de las industria doméstica, presentándose el caso del trigo, en el cual se está buscando diferenciar distintos tipos de harinas para procesos industriales cada vez más complejos.

El trigo nacional es considerado sucio, hecho que se magnifica en nuestras ventas al Brasil, donde, para determinar cuerpos extraños, utilizan una criba de mayor tamaño que en la Argentina. Sin embargo, en Europa, los trigos argentinos son vistos como de muy buena calidad, pero el problema está en que no existe una tipificación acorde a la demanda ni una estrategia agresiva de ventas, lo que determina que la Argentina esté perdiendo nuevos mercados. Este año se espera un mejor posicionamiento de la Argentina, ya que en los Estados Unidos y en Canadá disminuyó la producción y la calidad por las condiciones climáticas adversas, presentándose una oportunidad histórica para destacarnos.

Según la Asociación Argentina de Productores de Trigo, la implementación de un sistema de tipificación por grupo de calidad y nivel de proteína mejoraría sustancialmente el acceso a nuevos mercados y mejores precios.

En maíz se presentan micotoxinas, que dependen principalmente de las condiciones de almacenaje, objetadas por nuestros compradores. Maíces especiales como el flint para la elaboración de cornflakes , o de alto contenido de aceite para la alimentación de monogástricos aumentarían su participación si este problema se minimizara. Sin embargo, quedan dudas si las crecientes restricciones de niveles de tolerancia a micotoxinas no son en realidad barreras para-arancelarias, ya que los propios países compradores no pueden cumplir con esos niveles.

El uso de sorgos de bajo contenido de taninos sería fundamental para lograr mayores ganancias, ya que existen diferenciales de hasta 30 dólares por tonelada con respecto a los de alto taninos.

En soja, el aumento en la producción estuvo acompañado por una baja en el contenido de las proteínas en grano. La industria, que ha mejorado sustancialmente sus procesos, con mejores controles de recibo, además de la baja de proteínas objeta un aumento de la presencia de granos verdes. Se espera a futuro lograr la trazabilidad del producto, granos con mayor nivel proteico y mejora del perfil de los ácidos grasos del aceite.

Habiendo logrado variedades OGM con características agronómicas e industriales equivalentes a las normales, el mejoramiento genético busca la obtención de alto rendimiento en aceite y alto contenido de proteínas, tarea difícil debido a la relación negativa entre ambos. Si bien los avances genéticos son contundentes, para subsanar las limitaciones cualitativas debe planificarse muy bien el cultivo, ya que la baja en el contenido de proteína puede ser consecuencia del empobrecimiento de los suelos, y la presencia de granos verdes, del uso de variedades que, fuera de su ámbito agroecológico adecuado, no alcanzan una maduración correcta, siendo ambos factores de manejo fácilmente controlables.

En girasol, la presencia de pesticidas afecta su comercialización, ya que Europa bonifica aceites diferenciados, libres de contaminantes. Materiales

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