Discurso de fin de año de la SRA

17deDiciembrede2002a las09:36

La profunda y prolongada crisis que atraviesa nuestro país corresponde, entre otros factores, a un desmedido gasto público y la ineficiente asignación de los recursos por parte de los diversos estamentos del Estado.

La falta de madurez política, demostrada a través de los hechos cotidianos, sólo agrega una mayor cuota de incertidumbre y desconfianza a la población y a las empresas, lo cual impide el inicio de un proceso de inversión que nos lleve al desarrollo y al crecimiento.

Asistimos a un escenario complejo. Con el default ampliado al Banco Mundial, entre otras instituciones internacionales, se aumenta el riesgo país y caemos en el peor descrédito de nuestra historia.


De esta manera desaparece la posibilidad de recibir auxilio externo para asistir a las provincias y a diversos planes o programas sociales, e incluso créditos de fomento para exportaciones.

Incluso incide hasta en las eternas postergaciones del Plan Maestro de la Cuenca del Salado, por falta de financiamiento por parte del BID y otras entidades multilaterales de crédito.

Se ha señalado con insistencia que el sector agropecuario se ha beneficiado con la devaluación y en realidad, no se dice con igual intensidad que hoy, por las retenciones, que significan un impuesto de 1 barco cada cuatro que se exportan, somos el sostén de las cuentas fiscales, por lo que el gran beneficiario es el Estado, que evitó una verdadera reforma estructural y administrativa para reducir el asfixiante gasto público.

La diferencia cambiaria obtenida con la depreciación de nuestra moneda no mejora por sí sola, la competitividad del país.


Los productores nos encontramos ante la ausencia total del crédito y fue el trueque la obligada salida.

Además, debe tenerse en claro que no todos los productores son de granos y carnes, y, de la canasta de productos que ofrecemos, como leche, frutas, verduras, té, yerba mate, entre otros, tienen como destino principal al mercado interno.

Además, y como es tradicional en el campo, cualquier beneficio recibido fue reinvertido, como ningún otro sector lo ha hecho.


La rueda de la producción agropecuaria fue la única que no detuvo su giro reactivante y si hoy alguien se atreve a hablar de "veranito" es porque en los pueblos y ciudades del interior se ha comenzado a movilizar el comercio de bienes y servicios, y existe la esperanza de reactivar el empleo.

Tengamos en cuenta que en la presenta campaña de cereales y oleaginosas, invertiremos cerca de 4.000 Millones de dólares, en función de sembrar, proteger los cultivos, recolectar la producción, transportarla y comercializarla.


Ningún otro sector de la economía invierte estos montos.

Convengamos entonces que los beneficios, son para todos.


Pero nada será posible sino nos ordenamos como país creíble.


No podemos vivir de ilusiones parciales.


Sin un diseño de políticas permitan poner en marcha tanto las funciones propias del Estado como la educación, la salud y la seguridad; así como el fomento de las actividades productivas, se retarda la posibilidad de comenzar un circulo virtuoso y se prolonga la agonía los ciudadanos y las empresas.

A la desconfianza generada por nuestros gobernantes, se suma la inseguridad jurídica que limita seriamente la posibilidad de retornar al camino del crecimiento.

Se dice con insistencia que el Estado esta recaudando más. Pero nos gustaría también que se dijera enfáticamente que ello sólo es posible en base a impuestos aberrantes y distorsivos, como las retenciones , el Impuesto al Cheque, y un IVA deformado por la bu

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