Los problemas del "super" dólar

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20deDiciembrede2002a las08:20

En cambio, no existe consenso respecto al tipo de cambio de equilibrio que debería tener el país para retomar una senda de crecimiento sostenido.

La postura del ministro de Economía es terminante. No avala una reducción del valor actual de la divisa. Es decir, prefiere que se quede estacionado en $ 3,50 hasta el cambio de gobierno. "Con un buen nivel de reservas en el Central, , podemos atravesar el verano con tranquilidad y evitar cualquier intento de corrida contra el peso", sostiene Roberto Lavagna.
Además, el equipo económico esgrime otro argumento. De acuerdo al análisis que realizan, una reducción en el precio del dólar no tendría un efecto positivo en los precios. Por lo tanto, una rebaja en el tipo de cambio no se traduciría en un ajuste en los precios de la canasta básica.

Además, esa reducción del dólar también afectaría los niveles de recaudación por dos fenómenos distintos: la retención a los exportadores sería menos efectiva (porque los dólares provenientes de estas operaciones serían equivalentes a menos pesos) y una eventual caída de los precios impactaría negativamente en la recaudación de impuestos vinculados al consumo, como el IVA.

Claro que este nivel de tipo de cambio no parece ser sostenible por demasiado tiempo. Incluso, el traslado que tuvo el aumento del dólar a los precios fue inferior al 15%. En la mayor parte de los países que sufrieron fuertes devaluaciones tras abandonar el tipo de cambio fijo, el traspaso a la inflación (o pass-through, según la jerga financiera) superó en general el 30%. Esto implica que la suba de precios está retenida y que aún tiene un largo trecho por recorrer, siempre que la cotización de la divisa permanezca en este nivel elevado.

Pese a la visión cautelosa de Lavagna, que a toda costa quiere evitar sobresaltos durante el verano y en medio del proceso electoral, el dólar "super" alto genera grandes inconvenientes para el mediano plazo. La caída superior a 50% en las importaciones refleja que los productos del exterior quedaron a valores inaccesibles. Sólo parcialmente este fenómeno está vinculado al bajo nivel de consumo interno.

La imposibilidad de importar generará serias dificultades a las empresas para incorporar bienes de capital, fundamentales para modernizar y hacer más eficiente los procesos de producción. "Si no podemos modernizar el parque industrial a través de nuevas inversiones, estaremos condenando las posibilidades de crecimiento", explicaba en la última reunión de directorio un integrante del Banco Central.

El nuevo presidente del Central, Alfonso Prat-Gay, reconoció durante su exposición en el Senado que el dólar debería tender a la baja e incluso arriesgó un nivel considerado de "equilibrio": $ 2,80. Una de las principales acciones que debería adoptar la autoridad monetaria para conseguir este resultado es reducir drásticamente la compra de dólares.

Al mismo tiempo, sería necesario ir flexibilizando el férreo control de capitales vigente. De esta forma, también se lograría que las empresas demanden más divisas, por ejemplo para efectuar remesas de utilidades o para pagar intereses por vencimientos de deuda, lo que actualmente puede efectuarse en forma muy limitada.

Claro que mientras se especula sobre el mejor mecanismo para bajar al dólar, del otro lado tampoco puede descartarse una nueva estampida de la cotización. Por ejemplo, si el Banco Central se ve obligado a cubrir el déficit fiscal en el 2003 con emisión monetaria, esto puede terminar generando una corrida contra el peso. La emisión indiscriminada para "monetizar" el déficit fiscal terminó durante la década del `80 en hiperinflación. Pero este es un país experto en repetir (y en ocasiones varias veces) los mismos errores.

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