Carne: Por qué no bajan los precios?

¿Por qué no baja más el precio de la hacienda? Los datos fundamentales del mercado ganadero están en contra.

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25deAbrilde2003a las08:38

Como hemos visto, la presión de la exportación es cada vez menor, porque los números no cierran. El dólar ha caído más allá de todo cálculo, se vende muy poco al exterior y a bajos precios FOB. En marzo se habrían embarcado sólo 27 mil toneladas.

Todos los días nos enteramos de frigoríficos exportadores que revisan hacia abajo sus planes de faena. Hoy ya la mercadería estrella no es más el novillo pesado con certificado, cuyo nivel de equilibrio –aquel que no provocaría pérdidas en los exportadores– sería del orden del dólar por kilo de carne en gancho.

Hoy el novillo está bien arriba de ese valor y no quiere bajar. Entonces, ¿quién mantiene este nivel de precios? El consumo, el nunca bien ponderado consumo: el monstruo quiere comer 60 kilos per cápita, y este nivel de oferta ganadera no alcanza para sostener ese consumo y además exportar 500 mil ó 600 mil toneladas anuales. Quién se lleva la carne: en un 87-88 por ciento, el consumo.

Desde fines de 2001, cuando terminó la convertibilidad, el precio de la carne al mostrador subió un 88 por ciento. ¿Cuánto cayó el consumo desde entonces? Sólo un 12 por ciento. Es decir: para lograr esa reducción fue necesario un aumento del precio de la carne del 88 por ciento. Todo un ejemplo de manual de inelasticidad de la demanda.

A medida que pasan los años y la Argentina pierde esa extraordinaria relación stock ganadero/población humana que tenía hasta hace 50 años, se exacerba la puja entre exportación y consumo por la limitada cantidad de carne disponible.

Con el uno a uno esa puja no se registraba: éramos ricos y la exportación no podía competir. Con esta baja en el tipo de cambio, el consumidor argentino está pujando con éxito sobre los consumidores de Rusia, Bulgaria, Egipto e inclusive Chile.

Todo el mercado argentino de carne funciona como un gigantesco remate, y hoy lo que se observa –y por eso se están cayendo las exportaciones– es que el consumidor argentino paga más que el del exterior por la carne. Esto se puede revertir sólo si mejoran los precios FOB que percibe la exportación o si mejora el tipo de cambio.

Desde fines de 2001, la mayoría de los presupuestos familiares en la Argentina se han reorganizado, y todo indica que a favor de la carne vacuna. Entre los sustitutos de la carne, se registra una caída del consumo del orden del 35 por ciento en el caso del pollo y del 40 por ciento en el caso del cerdo. Lo sucedido desde el fin de la convertibilidad ratifica la experiencia histórica: aun en un marco de empleo, salarios y actividad económica muy deprimidos, es muy difícil reducir el consumo de carne vacuna por debajo de los 55-60 kilos per cápita. Todos los años se incorporan 450 mil nuevos consumidores, pero no todos los años abrimos nuevos mercados externos en la misma proporción.

Los precios de la carne no bajan, porque pese a que la exportación está pasando un mal momento, la escasa oferta de ganado disponible no alcanza para satisfacer el consumo, que mantiene estos precios ganaderos.

Para los próximos meses, prevemos una menor oferta, con probables mejoras en los precios a partir de junio, una baja en las exportaciones y un mantenimiento del consumo por encima de los 55 kilos. En la medida que las nuevas autoridades opten por convalidar la revaluación del peso, es muy difícil que las exportaciones despeguen de los bajos niveles actuales. Por un buen tiempo parece que seguiremos haciendo lo que mejor sabemos hacer con la carne: comerla.

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