La producción se sostiene gracias al esfuerzo privado

Tecnología, conocimiento e inversiones logran que el país se acerque a una nueva cosecha récord a pesar de los problemas climáticos

02deMayode2003a las09:07

Cuando alguien se pregunte por qué la producción agrícola argentina se mantuvo en crecimiento a pesar de las contingencias climáticas que asuelan la región campaña tras campaña, la respuesta no habrá que buscarla en las obras de infraestructura que nunca hicieron los gobernantes de turno, sino en el aporte de los ingenieros agrónomos, los genetistas y los proveedores de tecnología para el sector. Y, claro está, los mismos productores.

El caso es que cuando se produjeron las lluvias de Semana Santa, que derivaron en las actuales inundaciones, aproximadamente un 60 por ciento de la soja estaba ya cosechada, a salvo en los silos de los puertos y acopios, o en las bolsas en el campo. Se trata nada menos que de haber puesto a resguardo 21 millones de toneladas por valor de 3.500 millones de dólares.

El factor genético
Y el porqué esto es posible está en parte en la genética y en parte en las inversiones que hacen los mismos productores. Es que las variedades de grupos cortos que las semilleras pusieron en el mercado en estas últimas campañas, no sólo mejoraron el potencial de rendimiento, permitiendo pasar de promedios de entre 30 y 35 quintales a entre 40 y 45, sino que adelantaron el momento de la cosecha. "Hoy prácticamente se cosecha al mismo tiempo la soja que el maíz, cuando antes, con los grupos VI de soja, primero se trillaba el cereal y después la oleaginosa", comentaba un reconocido asesor de la región de Venado Tuerto.

Si bien esto genera un problema desde el punto de vista logístico, porque significa recolectar una enorme superficie en muy poco tiempo, permite aprovechar los momentos en que hay suelo firme para entrar con las cosechadoras y sacar el grano del lote. Y esto es posible porque contratistas invirtieron en comprar equipos capaces de cosechar en un día 40 hectáreas de una soja que rinde entre 3.500 y 4.500 kg/ha, y en tolvas autodescargables que aceleran el movimiento del cereal hacia los centros de acopio.

Productores y técnicos
Los productores, que no se quedaron atrás, retomaron desde el año pasado la compra de cosechadoras "chicas", que cuestan entre 70 y 100.000 dólares, para poder levantar sus cultivos en cuanto tienen piso firme y la humedad del grano es la adecuada. Un dato: este año se estima que se duplicarán las unidades vendidas respecto de 2002, 1.100 contra 550. Y un dato más: una firma líder ya tiene colocadas 50 cosechadoras destinadas al segmento de los productores, aun antes de haberlas comenzado a distribuir.

Otro mérito no menor es el de los ingenieros agrónomos que hacen malabares combinando genética con fecha de siembra, fertilización, ciclo, hábito de crecimiento, distanciamiento entre hileras, etcétera., para aumentar rendimientos y al mismo tiempo dar mayor seguridad de cosecha. Casi una misión imposible.

Y en tanto, ¿qué hacen gobiernos provinciales y nacional para acompañar este esfuerzo? Sólo anuncios pero ninguna acción. A pesar de haber desarrollado una frondosa burocracia, compuesta de institutos, fondos fiduciarios y programas, con presupuestos millonarios, los agricultores y ganaderos siguen padeciendo la falta de caminos, canales y demás obras de infraestructura compatibles con una producción creciente.

En este mismo suplemento, productores que se han animado a sembrar en el oeste chaqueño y Santiago del Estero señalan que tienen que pagar 80 $/t para fletar el grano hasta el puerto de Rosario. Eso es inadmisible porque condena a la región al monocultivo de soja, de altísimo riesgo en lo agronómico por falta de sustentabilidad, ya que un sorgo de 140 $/t o un maíz de 240 $/t no pueden competir. ¿Dónde está ahí un sistema de carga ferroviaria, como tienen los EE.UU. o Canadá, para mover la producción 700 km

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