La soja tiene la culpa de todo

Hablando en plata, gracias a la soja hoy el país factura 8.000 millones de dólares en exportaciones más que hace veinte años.

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10deMayode2003a las08:42

Héctor A. Huergo. DE LA REDACCION DE CLARIN.

¡Disparen contra la soja! Nadie sabe quién dió la orden, pero para un grupo de intelectuales la cuestión es pegarle un tiro en el corazón a este cultivo, a quien hacen responsable de casi todos los males que padece este atribulado país.

Dicen, por ejemplo, que el país que antes era "granero del mundo" se ha convertido en una "republiqueta sojera". Pongamos las cosas en su lugar: la Argentina duplicó su producción agrícola, conservando su participación en el mercado mundial de los principales cereales, pero a ello agregó un vertiginoso crecimiento de la soja. En los 80'' producíamos 35 millones de toneladas de granos, básicamente trigo, maíz y girasol. Bueno, este año la cosecha alcanza a 70 millones, de los cuales 35 son de soja. Y el resto se mantiene.

Hablando en plata, gracias a la soja hoy el país factura 8.000 millones de dólares en exportaciones más que hace veinte años. Este dinero queda en su mayor parte en el interior, salvo ese 20-23% que captura el gobierno para pagar no sólo los sueldos de los piqueteros, sino también de los investigadores preocupados en denostar a esta oleaginosa, cuyo principal pecado es haber crecido en los 90 y, encima, abrevar de la tecnología estadounidense.

La soja es, fundamentalmente, un gran éxito nacional. Ha sido la nueva colonizadora de la Segunda Revolución de las Pampas, como lo reconoce el último censo: su avance ha sido territorial, desplazando actividades de baja productividad, como la ganadería vacuna en las praderas enmalezadas del oeste semiárido, el monte chaqueño o el monocultivo crónico (con las crisis permanentes) de las "economías regionales". Con la siembra directa y las nuevas variedades, un ejército de "chacrers" que consumieron horas y horas en capacitación, se generaron miles de puestos de trabajo en la siembra, la cosecha, el transporte, el comercio y los servicios. Y en los pueblos convertidos en lindísimas ciudades, donde hoy cuesta conseguir un albañil o un pintor. Actividad y riqueza que queda en el interior, a pesar del mordizcón de las retenciones.

Tampoco es cierto que este ha sido un negocio de las multinacionales. Por supuesto que si aquí están todos los grandes jugadores del mundo de la soja, es para ganar plata. Pero muy bien no les ha ido: a Monsanto, dueño de la tecnología RR, el tiro le salió por la culata. Le licenciaron el gen a otra compañía (Nidera) porque en ese momento no tenían ningún semillero en el país. En Estados Unidos el que usa la tecnología RR tiene que pagar una regalía. En la Argentina no. Con el tema de la "bolsa blanca" (semilla propia o comercializada entre los productores) se difundió la soja resistente a glifosato sin mayor beneficio para el obtentor. Y encima, a Monsanto se le venció la patente del glifosato, y ahora que tiene una planta en el país (hay otra de Atanor) entra el glifosato chino a bajo precio. Precisamente la semana próxima habrá una audiencia crucial por el procedimiento antidumping interpuesto por Atanor y Monsanto contra la droga china. Coninagro planteó esta semana la necesidad de que no se haga lugar a ese antidumping y que siga entrando el glifosato chino. Es decir, la renta generada por la tecnología sojera es capturada por los productores y por el Estado.

¡Hay que ver la bronca de los farmers cada vez que se enteran de un nuevo récord de la soja argentina!.

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