Los arrendamientos caros y el negocio que no cierra

El costo de indiferencia de la soja pasa a ubicarse entre 30 y 32 quintales. Llegan capitales de afuera del sector atraídos por retornos de 15% a seis mesesPiden 14 quintales de soja en la zona núcleo

24deMayode2003a las06:44

Diego Maranesi, productor y asesor en la zona núcleo, dice que allí se está pidiendo en la actualidad un piso de 14 quintales de soja para alquilar un campo por un año. Pero no sólo se trata de un monto mayor sino que los dueños de los campos lo exigen todo junto, en efectivo y al momento de cerrar el acuerdo. “Ya no corre más aquello de que una parte se pagaba cuando se levantaba el trigo”, dice Maranesi. De esta forma, al costo económico hay que agregarle el costo financiero de la inmovilización del capital.

El profesional no tiene dudas de que esto es el resultado del ingreso de capitales de origen extrasectorial que ante la falta de alternativas de inversión son derivados a la producción agrícola, generando una demanda de campos que elevan los precios de los arrendamientos. “Con estos números el costo de indiferencia de la soja sube a 30 o 32 quintales; una locura”, dice. En su visión, esos inversores manejan expectativas de rentabilidad menores que los productores y entonces están dispuestos a pagar más por un alquiler.

“A un contratista conocido, que siembra 15.000 hectáreas en la zona de Venado Tuerto le han pedido 14 quintales de soja”, confirmaba un operador comercial de Rosario, en diálogo con Infochacra. Sin embargo, el empresario sostiene que no sólo se trata de dinero que llega desde afuera del sector, sino básicamente de los mismos productores que se encuentra muy líquidos financieramente y no cuentan con otras posibilidades adonde canalizar el dinero.

“El inversor de afuera se confunde porque cree que es una inversión segura, y si bien los dos últimos años fueron buenos, hay un gran riesgo climático y de volatilidad de mercado en todo esto”, decía. “Ya pasó con el boom de precios de 1996/1997 donde aparecieron los fondos de inversión y los pools de siembra, que traían mucha plata de otras actividades al negocio agrícola. Elevaron los precios de los alquileres a precios irrisorios y a los dos años tuvieron que irse porque la rentabilidad se había derrumbado ante el primer cambio de tendencia en los precios de los granos”, agregó.

Más caro todavía
Para Sergio Marinelli, contratista en Venado Tuerto, se trata de capitales de afuera de la actividad que llegan atraídos por un retorno de 15% en seis meses. “Como negocio financiero puede cerrar, pero como agropecuario, no”, afirmó. Pero a diferencia de lo que sucedía a finales de los ’90, ahora los que manejan esos capitales son administradoras de la misma zona, no de Buenos Aires, cuyo negocio es cobrar un fijo por hectárea, independientemente del resultado obtenido.

Pero los precios podrían ser mayores todavía. “Tengo entendido de que en la zona de Canals han llegado a pagar 15 quintales, por campos que sólo en esta última campaña rindieron 40 quintales. En el resto de los años, andan por los 20”, ilustró el contrastista.

Insustentable
El otro problema es la dificultad de conseguir arreglos por más de un año, imprescindible para poder hacer una rotación con maíz. Los precios que piden los dueños de los campos sólo se pueden cubrir haciendo soja, y con buenos rindes. Para hacer maíz, con más inversión y más riesgo hay que negociar precios más bajos y contratos más largos, cosa que los propietarios en su mayoría no quieren aceptar, por no resignar ganancias en lo que ven como un muy buen momento.

Pero de esta manera están poniendo en riesgo la productividad de sus lotes, arriesgándolos a un manejo insustentable. “Imaginate que nadie va jugarse a hacer un maíz y tener que irse después de la cosecha, dejando todo ese rastrojo para que lo aproveche otro”, observ

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