Evasión de tierra adentro

Desde la devaluación de enero de 2002, casi lo único que creció en la Argentina fueron las exportaciones. Y dentro de las exportaciones, las agrícolas. Y dentro de las agrícolas, las de soja y otros granos.

02deJuniode2003a las08:10

Por Mariano Saravia
Muchos funcionarios anuncian con pompa “cosechas récords” o un bienestar nunca antes alcanzado en el campo argentino. Esta semana, el ministro de la Producción y Finanzas de la provincia, Juan Schiaretti, y el secretario de Agricultura, Gumersindo Alonso, anunciaron en Córdoba una cosecha récord de 19,5 millones de toneladas, por valor de 3.100 millones de dólares.

Pero a la hora de pagar impuestos, esos récords no se reflejan plenamente; en una palabra, el fisco no se ve beneficiado en la proporción que correspondería con el aumento de las ventas al exterior, aunque cabe consignar que el 20 por ciento de las exportaciones totales del sector va al Estado como retenciones.

Muy por el contrario, con el argumento de que se trata de bienes exportables, productos básicos como el trigo o la carne suben a niveles estratosféricos. Ahora está de moda decirles commodities, pero la verdad es que el kilo de pan o de bifes cada vez está más inalcanzable en un país donde lo que sobra son justamente vacas y trigo. Y aunque la mayoría de los insumos sean en pesos, los productores y exportadores amenazan con que si no suben el precio, les conviene vender afuera.

Es más, cuando subía el dólar, subían esos productos, pero cuando bajó la divisa, no bajó nada.

El Gobierno de Eduardo Duhalde intentó usar las retenciones a las exportaciones como herramienta para frenar los abusos en el mercado interno (y sobre todo para recaudar para e Estado), pero tampoco dio resultado. Es que en realidad, de la astronómica evasión impositiva que existe en la Argentina, casi la mitad corresponde al “granero del mundo”.

Según altas fuentes de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) a nivel nacional, “se podría asegurar que por lo menos la mitad de toda la evasión del país corresponde al sector agropecuario”.

El problema es que este porcentaje no se puede medir en números, porque sólo se cuantifica lo que se descubre. Sin embargo, se habla de 20 mil millones de pesos por año.

Los “maleteros”

En la Argentina, existe una pirámide en la base de la cual están los productores, que le venden a los acopiadores, éstos a los corredores y por último los exportadores. Cada partida de grano debe hacer todo ese recorrido comercial con una carta postal, que en realidad es un remito de traslado y que es un elemento clave a la hora de evadir.

Hace dos meses, el IVA bajó del 21 al 10,5 por ciento.Cuando el productor está inscripto, la Afip le retiene el cinco por ciento de su venta, que se transforma en crédito fiscal. Ése crédito puede deducirse de la declaración jurada. Si no está inscripto, le retiene el total, o sea el 10,5 por ciento. Él, a su vez factura ese IVA al acopiador que le compra. Pero hete aquí que cuando se quiere trabajar en negro, aparecen los llamados “maleteros” o “valijeros”, que recorren los campos con los bolsillos llenos de dinero en efectivo y los maletines llenos de cartas postales fraudulentas, a nombre de gente inexistente o de prestanombres generalmente insolventes.

A estos prestanombres se les paga unos pesos por figurar en los papeles como si fueran los productores, mientras que el verdadero productor vende en negro, y no tributa nada por la venta, ni IVA ni ganancias. Para cerrar la operación fraudulenta, el prestanombre insolvente “dibuja” su declaración, haciendo que coincidan su crédito y su débito fiscal.

En algún momento, la operación que nace negra a nombre de un prestanombre insolvente, se vuelve blanca, para que el exportador pueda cobrar los reintegros del IVA.

Según distintas fuentes consultadas por La Voz del Interior, un camión de soja

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